Los hijos de la bomba

19 marzo, 2011

En mi época, los niños se seguían refiriendo a la bomba atómica como Pika-don, las onomatopeyas del relámpago y del trueno. La conocíamos como algo horrible y sombrío que había matado a mucha gente y había dejado a muchos niños sin sus madres. Había ocurrido en ciudades que desde Kamakura o Shizuoka me parecían muy lejanas, y además había ocurrido mucho tiempo atrás. Era como un mito, aunque terrorífico.

Shiro es la primera persona que conocí que hablaba de la bomba con una familiaridad casi íntima. Hablaba de “cuando cayó Pika” como quien habla de la visita de un pariente. Nació en Nagasaki y ahí es donde vive, en una choza en la montaña, cultivando mazorcas y haciendo cerámica. Trabajaba la huerta con su padre, hasta que murió.

Lo vi unos días después, en plena estación de lluvias.

- ¿Qué tal está tu padre?-, le preguntamos.
- Mi padre murió el mes pasado. El día 25-, respondió con ímpetu.
- ¿Y qué tal está tu madre?
- Mi madre está bien-, dijo como un alférez ante un sargento, como siempre responde, con aparente entusiasmo. – Mi madre está histérica-, añadió en el mismo tono.
- ¿Sigues viviendo en la choza de la montaña?
- Sigo viviendo en la choza de la montaña.
- ¿Sigues sin tener cocina?
- Sí, no tengo cocina. Pero cocino sobre la estufa. Ahora me la quiero hacer en cerámica.
- ¿Y WC?
- No. Pero ahora que me han instalado la cañería a lo mejor también me lo fabrico en cerámica. De momento me dejan el de la abuela.
- ¿Qué tal Yusan?
- Bien. Se ha fabricado un novio. De Hiroshima. Y yo me siento culpable.
- ¿Por Yusan?
- No, por mi padre. Pienso que tal vez yo contribuí a fabricar su cáncer.
Shiro se tomó un sorbo de té.
- Estamos en el periodo en el que dicen que su alma todavía revolotea por aquí-, dijo de repente, a modo de información, como si hablase de un monumento histórico. -Eso es lo que nos dijo el monje de la escuela Rinzai.
- ¿En tu casa sois Rinzai?-, le preguntó M.
- En mi casa somos Zen-, dijo sonriente.

(No es que mi memoria sea prodigiosa; es que cuando hablo con Shiro, muchas veces tomo notas).

Su padre llevaba siempre consigo la cartilla de Hibakusha, víctima de la bomba atómica.

Estos días se vuelve a leer en la prensa la palabra Hibakusha. Esta vez se refiere a las personas contaminadas por los escapes radiactivos de las centrales nucleares de Fukushima. Todo se parece demasiado a la Segunda Guerra Mundial. “Atacaremos hasta el final”, dijo ayer Yukio Edano, el jefe del Gabinete, el hombre del momento.

@tanaoshima Foto: Nagasaki tras la bomba atómica. ©Wikimedia Commons.
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2 Responses to “Los hijos de la bomba”


  1. [...] más leídos: Unas chanclas para el terremotoLos hijos de la bombaMúsica y diseño para JapónSobre este blogLas patatas del señor KogaLas sendas de TohokuCarta [...]


  2. [...] nací 28 años después de la bomba atómica y todavía había elementos radiactivos [en Nagasaki]. Probablemente sigue habiéndolos. Una vez me [...]


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