Japón, diez días después del terremoto
20 marzo, 2011

Hablo con Kumiko y me dice que han encontrado a su familiar de Miyagi. Está vivo. Lleva una semana sin poder bañarse, pero está vivo. Le cuenta que la gente está yendo a trabajar sin haberse bañado ni duchado porque no hay agua caliente. Los primeros cinco días ni siquiera tuvieron agua. Siguen sin luz y hace mucho frío. Pero está vivo.
Mi tío llama y llama pero no contestan. Son amigos de cuando trabajaba en Sendai (Miyagi). Gente de pequeños municipios de la costa con la que hacía negocios. Ninguno de ellos está localizado, y ya han pasado diez días. No hay muchas esperanzas.
Mi primo me dice, desde Tokio, que la situación aún no es estable, pero que ha mejorado. Su hijo, de cuatro meses, aún no puede salir a la calle por la radiactividad, a pesar de que es muy baja (en Tokio).
Un bombero describe en la televisión japonesa cómo han sido las labores de enfriamiento de los reactores. No puede contener las lágrimas.
Un experto en tsunamis vuelve a la zona devastada (Miyagi) después de haber estudiado la actividad sísmica de esa región durante años. Llora.
Un hombre vuelve a su antigua casa en Minami Sanriku (Miyagi), de la que sólo quedan algunas vigas de madera. Limpia con un rastrillo en busca de algo que se pueda llevar. “Nada, ni un recuerdo”, dice. Está llorando.
Una madre que busca a su hijo.
Un hombre que se reencuentra con su mujer y su recién nacido.
Una abuela que ha sobrevivido.
Un joven que se recupera en el hospital después de haber luchado contra la ola para salir a flote.
Juraría que todos ellos están llorando, pero algunos expertos españoles afirman que los japoneses nunca lloran en público (!).
*Este blog debería llamarse Notas de Miyagi por rendir un homenaje a la provincia que más víctimas ha tenido. Pero el peligro nuclear ha eclipsado al desastre natural y ha situado a Fukushima en el centro de todas las miradas. ¿Se acordará alguien de Miyagi?

