La vieja tierra natal
24 marzo, 2011

Estos días me viene a la cabeza una y otra vez la palabra furusato. Es difícil de traducir porque implica un concepto y un sentimiento. Es la tierra a la que uno pertenece, por la que uno siente nostalgia, a la que uno vuelve para visitar a sus padres. Es el lugar en el que uno nace y al que uno regresa. Aún en el Japón de hoy, es casi indisociable del mundo rural, de aquellos pueblos de los que partieron las nuevas generaciones durante el gran éxodo hacia las ciudades.
Pienso en las personas que se han quedado sin nada después del tsunami. Gente muy pegada a la tierra que ha perdido sus orígenes, sus raíces, su lugar en el mundo. En los pueblos arrasados por el mar, no han quedado ni los registros. “Ni siquiera tengo pruebas de que estoy vivo”, dijo uno de los supervivientes a la NHK. “Quiero ir a mi casa, quiero volver, pero no tengo más remedio que resignarme”.
El día de la graduación, el 19 de marzo, los alumnos de Ofunato (provincia de Iwate) recibieron sus diplomas mojados (por el tsunami) de la mano de su director. Entre los alumnos había niños que habían perdido a sus padres. Muchos de ellos habían pasado la noche en el gimnasio junto con otros evacuados. Al final de la ceremonia, todos juntos, alumnos y refugiados, mayores y jóvenes, cantaron en medio de un llanto silencioso la canción de Furusato. Lloraban la tragedia, pero además el amor por una tierra perdida.
Una palabra particular, un sentimiento universal.
En Japón permanecen entre el cancionero infantil temas nostálgicos en torno al furusato. Son canciones que vienen de otros tiempos, de cuando los jóvenes (incluso niños) partían a trabajar y tardaban mucho en poder regresar. Entonces sentían añoranza por sus madres, por sus padres, por sus viejas casas en el monte o a orillas del mar.
Una antigua canción de cuna, la de Itsuki, dice así:
Es la fiesta de los muertos (Bon)
Después de la fiesta de los muertos yo ya no estaré
Si la fiesta de los muertos llega pronto
Yo también podré volver pronto
Aunque yo me muera
Nadie llorará por mí
En el pinar de atrás
Lloran las cigarras
No son las cigarras
Es mi hermana pequeña
Hermana pequeña, no llores
Que me haces sentir mal
Si yo me muero
Reparte flores
A quienes te encuentres
En el camino
Qué flores?
Camelias
Y el agua
Será agua regalada del cielo


3 abril, 2011 at 9:34 pm
[...] volver a ver el mar ni en pintura. Hay dos tipos de daminificados: el que piensa que el mar es su ‘furusato‘, y los “nuevos” que no quieren ver el mar ni a mil millas a la [...]
18 abril, 2011 at 10:25 pm
[...] cuatro municipios de la provincia de Iwate (Rikuzentakata, Ofunato, Kamaishi y Otsuchi) han puesto servicios turísticos gratuitos para poder asistir al espectáculo [...]