Historias de la televisión japonesa
3 abril, 2011

En el pueblo de Matsushima, provincia de Miyagi, hay un enorme acuario llamado Marinepia. Cuando recibieron la alerta de tsunami tuvieron tiempo de evacuar a las focas. No pudieron hacer nada por la ballena y murió.
Dice la cuidadora que las focas están contentas y han recuperado el apetito, pero que han adelgazado mucho. También dice que están arruinados. Han perdido la clientela y no hay dinero para reparar los daños y reanudar el espectáctulo.
En la ciudad de Miyako, informa la NHK, el tsunami alcanzó 37,9 metros. En 1896 una ola de 38,2 metros golpeó otra ciudad de la misma provincia, Iwate. Se considera la mayor ola que ha sufrido Japón.
En Sendai un joven llamado Wakabayashi ha emprendido una campaña de ayuda que consiste en prestar su bañera a los refugiados. Lo que necesitan ahora es un buen baño, dice. Ya se sabe la importancia que tiene el baño diario para los japoneses: purificación, un momento de paz, la charla si el baño es colectivo. Algunos refugiados llevan ya tres semanas sin bañarse.
En la ciudad de Ofunato un pescador de ostras que llevaba 12 años pagando el crédito del barco se quedó sin él. Lo destruyó el tsunami. Dice que va a volver a la mar a buscar ostras, que es lo suyo. De momento, para ganar dinero ha abierto un chiringuito de ‘yakisoba‘.
Las casas están medio en ruinas o abandonadas, y empieza a haber los primeros saqueos. Para la comarca la pérdida económica es un segundo tsunami.
En la televisión, en los medios de comunicación japoneses, recogen los problemas de la gente: las historias de los que llevan a la orilla del mar toda su vida y no se quieren separar de la costa, y los testimonios de quienes se han ido a otro lugar en busca de trabajo y no quieren volver a ver el mar. Hay dos tipos de daminificados: el que piensa que el mar es su ‘furusato‘, y los “nuevos” que no quieren volver a ver el mar.
¿Y el Gobierno? Algunos medios de comunicación aseguran que no se está haciendo cargo de los damnificados. Darle una casa prefabricada a los que han perdido todo no es la solución, se quejan. El Gobierno, siguen, no se involucra en nada y no declara abiertamente ni esto ni lo otro. La gente de las zonas afectadas está empezando a perder la paciencia.

