País de Nieve

6 abril, 2011

Había una vez un viejo y una vieja que vivían en una choza en la montaña. Eran tan pobres que no tenían dinero para comprar comida. Llegó el Año Nuevo y el viejo decidió ir a vender cinco sombreros para la nieve. Era lo único que tenían, y el viejo marchó hacia la ciudad con la esperanza de conseguir algo de dinero. El viejo hundió sus botas de paja en la nieve y se ajustó el pañuelo a la cabeza.

En el camino, el viejo se encontró con seis jizou de piedra. Agachó la cabeza y les pidió ayuda. Pero cuando llegó a la ciudad, nadie quiso comprar sus sombreros. El viejo hizo el camino de vuelta sin dinero y sin comida.

De nuevo se encontró con los cinco jizou de piedra. Había empezado a nevar y los copos se iban acumulando lentamente sobre sus cabezas. Pronto quedarían enterrados bajo la nieve. Entonces el viejo les colocó uno por uno los sombreros. Como sólo tenía cinco, cuando llegó al sexto jizou el viejo le colocó su pañuelo.

Al llegar a casa, los viejos se tomaron una taza de agua caliente y se fueron a dormir. A medianoche, un ruido los despertó. Salieron a ver qué era y se encontraron con una montaña de comida en la puerta de la choza. Arroz, pescado, verduras y caquis. Y a lo lejos, los seis jizou caminando en fila, perdiéndose en la noche.

Este cuento popular, llamado “Los jizou de los sombreros“, proviene del Japón más frío y humilde. Se cree que se originó en las actuales provincias de Iwate y Fukushima. “Da, y te darán” es la máxima budista que enseña este cuento. Es un principio que creo que ha calado hondo en la cultura japonesa. Pero al margen de su moraleja, muestra lo que el norte de Japón representa para el imaginario japonés.

El norte de Japón (o mejor dicho, de Honshu) siempre ha sido conocido como el País de Nieve. Así se llama también una famosa novela de Kawabata, que transcurre en una ciudad de la provincia de Niigata. Son culturas de nieve asociadas a la montaña  (que en Japón está muy pegada a la costa), al trabajo de la tierra, a la soledad y al interior más inhóspito.

Los agricultores y pescadores de los municipios asolados por el tsunami lo han perdido todo. Han perdido sus tierras, sus casas, sus barcos, sus ahorros. Critican al Gobierno porque no se está haciendo cargo de ellos. Están refugiados, indefinidamente, en ayuntamientos o gimnasios de colegios.

Algunos se han suicidado, otros se han resignado. Pero más de uno habrá ido a ofrendar a sus ídolos o deidades, sean ‘jizou’, Inari o Ebisu, para poder volver a la huerta o al mar.

@tanaoshima Foto: Los seis ‘jizou’ de Kanakura. ©Wikipedia.
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