Japón, nivel 7
12 abril, 2011

Cuando Richard A. Muller, en una entrevista publicada hace unos días en El Mundo, ponía la central de Fukushima como ejemplo para explicar por qué la energía nuclear es segura, supongo que no contaba con las últimas noticias del Gobierno japonés. Muller decía que la central lo había aguantado todo.
Todavía no había llegado el 12 de abril. La mañana del martes, un mes después del terremoto de Tohoku y Kanto, se incrementó el nivel de severidad de la crisis nuclear de Fukushima de 5 a 7, el mismo que Chernóbil. También se confirmó, aunque no estuviera previsto hacerlo, que las noticias en Japón suceden en cámara lenta.
Me pregunto qué está pasando realmente, si conocemos realmente la profundidad de la crisis. Y si pensará de la misma forma el físico Muller.
Recibimos mensajes familiares de celebración de la floracion del cerezo, el ‘hanami’. Con la primavera ha comenzado la temporada de béisbol. Igual que ocurrió hace unos días con un futbolista brasileño afincado en Japón, uno de los jugadores extranjeros del equipo de Sendai ha renunciado a su puesto en el equipo por el temor a la radiación. Ha vuelto a su país.
También nos llegan los temores a que las noticias, que al final siempre se conocen, desvelen que la situación es más peligrosa de lo que se creía. Ha habido tantos escándalos que siguieron el mismo patrón en Japón que en este caso, donde la tragedia es mayor que nunca, tampoco sorprendería que volviera a ocurrir lo mismo.
A lo largo del martes, de nuevo el 12 de abril, el Gobierno y los directivos de Tepco se han enredado en un confuso discurso para explicar lo que difícilmente se puede llegar a entender: por qué se ha tardado un mes en confirmar que las filtraciones de radiación son mucho mayores que las que se estaban comunicando desde hacía semanas. Por paternalismo, para evitar el pánico de la población, por cualquier razón menos la de cumplir con las obligaciones esenciales hacia los ciudadanos.
Un artículo publicado en ‘Nature’ aporta, entre tanta confusión, un poco de claridad: “De por qué Fukushima es y no es Chernóbil”, reza el título. La aparente confusión del titular no es tal sino el reflejo de la situación.
La información de la NHK, la cadena pública, cita a la International Atomic Energy Agency para ratificar el análisis realizado por el Gobierno japonés, que coloca el accidente de Fukushima en una escala menor al de 1986 de Chernóbil. “Gambaro nippon”, reza un rótulo de la torre de Tokio. “Ánimo, Japón”.
Un mes después del terremoto y el tsunami, se celebra el ‘hanami’. Como ha pedido una vez más el primer ministro Naoto Kan, la población hace lo posible por recuperar la normalidad y no mirar el dorso de las etiquetas de los alimentos. Pero cada vez es más difícil. Me pregunto si el físico Muller ha cambiado de opinión.

