Carta desde Sendai

11 abril, 2011

Un amigo nos pone en contacto con Waka, una japonesa que vive y trabaja en Sendai. A través de sus cuentas de Twitter, Twitpic y Flickr nos hace llegar mensajes (en inglés) e imágenes sobre su vida en la desastrada provincia de Miyagi. Nos habla de las fuertes réplicas (sísmicas) que sacuden la ciudad y de la pena que le da ver cómo su pueblo natal, Ishinomaki, es ahora un montón de escombros. La casa de sus abuelos, dice, desapareció bajo el tsunami.

Éstas son algunas de sus palabras:

Como todos vosotros sabéis un gran terremoto sacudió la zona en la que vivo, Miyagi, el 11 de marzo. Mi pueblo natal, Ishinomaki, fue barrido por el tsunami, como muchos otros lugares de Tohoku. Nunca pensé que Ishinomaki quedaría así.

Es tan triste ver cómo todos esos lugares familiares han desaparecido.

Mi ciudad, Sendai, también quedó dañada por el terremoto pero la vida va mejorando día a día. Sólo tenemos problemas para conseguir petróleo, gas (para agua caliente y cocina) y transporte. Pero fuera de Sendai la situación sigue siendo difícil y seria. Especialmente en la costa, donde necesitan más ayuda y suministros. Agradecemos todo el apoyo que nos puedan dar [a través de donaciones].

¡Gracias!

Foto: El municipio de Ishinomaki después del tsunami. ©Waka

Carta desde Nagasaki

4 abril, 2011

Creo que la radiactividad procedente de Fukushima va a elevar el riesgo de cáncer. Pero creo sobre todo que es el estrés generado por toda esta situación lo que puede causar el cáncer.

Yo nací 28 años después de la bomba atómica y todavía había elementos radiactivos [en Nagasaki]. Probablemente sigue habiéndolos. Una vez me dijo un conocido ruso que cuando fue a Nagasaki se empezó a encontrar mal.

¿Tú crees que ahora la radiación está llegando nuevamente a Nagasaki? Yo creo que no hay en Nagasaki nadie que piense que sí, pero nunca se sabe. Intento por si acaso no comprar verduras sospechosas.

Ahora la mayoría de los japoneses tiene miedo a la energía nuclear, así que supongo que las centrales se reducirán. Aumentarán los paneles solares. Hace tiempo, vi en la tele que los molinos [eólicos] japoneses no estaban funcionando como debían.

Dicen que mi hijo nacerá el 10 de abril.

Correo recibido de Nagasaki el 3 de abril a las 8.36 am (hora de Nueva York). Foto: Vista de la ciudad de Nagasaki. ©Wikipedia.

Viajero en Tokio

31 marzo, 2011

La mañana del 1 de abril la agencia de noticias Kyodo transmitió tres noticias destacadas:

Más signos de contaminación radiactiva grave en la central nuclear de Fukushima y en los alrededores. Las aguas subterráneas tienen una contaminación 10.000 veces superior al límite legal.

Un informe del Ministerio de Asuntos Exteriores del Gobierno japonés se refiere a la situación tras el terremoto, el tsunami y la crisis nuclear como “la mayor cisis nacional desde el periodo de posguerra“.

Arranca la campaña electoral en 41 provincias japonesas y 15 ciudades para las asambleas locales. En las provincias de Iwate, Miyagi y Fukushima los comicios se han pospuesto por el terremoto.

El mismo día, recibimos este breve testimonio de un viajero que vuelve a Japón después de casi un mes en Estados Unidos. Aterriza en Tokio y anota su impresiones:

Tokio presenta un aspecto triste y con la sombra de una tragedia. El aeropuerto vacío de gente, las tiendas vacías de clientes, los “conbinis” [tiendas abiertas las 24 horas] han perdido esa algarabía de bazar cómodo. Hay una clarísima falta de vitalidad y una clarísima presencia de abatimiento. Las noticias aquí no son tan ‘impresionantes’ como afuera, insisten que no es grave la situación, que la radioactividad no es dañina y que se puede hacer vida normal. Los del Norte están comiendo pescado de la zona, y degustándolo. ¿Se entiende esto??

Fotografía: azafatas de Japan Airlines (JAL) en una imagen de 1951.

Testigo desde Tohoku

27 marzo, 2011

Jonathan Watts ha cubierto el tsunami de Tohoku como enviado especial del periódico para el que trabaja, The Guardian. A Watts, que domina el japonés tanto hablado como escrito, lo conocimos como corresponsal en Japón del diario británico (ahora es corresponsal de medio ambiente para Asia, ubicado en Shanghai). Nos ha cedido dos fotografías y el testimonio de Taiko Sawadate, una enfermera de 59 años, que resumimos a continuación como una visión directa de la catástrofe:

Estaba segura de que iba a morir. Estaba oscuro dentro del agua y por todos lados recibía los golpes de los escombros cuando intentaba nadar. En un momento dado vi una casa entera que se venía hacia mi. Pero la corriente me empujó hacia delante y de repente me encontré en el aire y sobre una colina. Al menos podía respirar. No sé por cuánto tiempo estuve dentro del tsunami. Todo probablemente duró menos de un minuto.

Pensé que estaba a salvo, pero nunca imaginé que el tsunami sería tan grande. Sufrí uno cuando era niña y entonces se construyó un gran muro de protección [frente al mar]. Cuando las alarmas sonaron tuve alrededor de 20 minutos para escapar con mi madre a un lugar elevado. Condujimos incluso por encima del área de seguridad recomendada, estaba segura de que estábamos bien. Entonces alguien gritó: “Ahí viene”, y me asomé para mirar.

El agua nos cubrió. [...]

Algunas personas me encontraron y me dieron ropa seca. Soy enfermera, así que curé mis propias heridas. [...]

Encontramos seis cuerpos el primer día y más el segundo, incluida mi madre. No estaba lejos. Envolví el cuerpo en la sábana más limpia que pude encontrar y puse un borde de piedras alrededor. Entonces lo cubrí con un futón para que los cuervos no pudieran llegar hasta él. Recé y la dejé allí. Hay tantos cuerpos que las autoridades no saben qué hacer con ellos.

Imágenes y texto: ©Jonathan Watts. Foto superior: Muro frente al mar cerca de Kamaishi. El muro figura en el Libro Guinness como el más profundo del mundo. El tsunami lo destrozó / Foto inferior: Lista de desaparecidos en Minami Sanriku.
Más imágenes de Jonathan Watts en su página de facebook. Su cobertura completa de la catástrofe está disponible en The Guardian.

Carta desde Amsterdam

25 marzo, 2011

Soy oriunda de Fukushima (ciudad). Mi abuela, mis padres y mi hermano llevan allí un restaurante de ramen. Mi hermano se casó el año pasado y acaba de tener un hijo, de modo que él y su mujer se mudaron con el bebé a casa de mis padres.

Nuestra casa no sufrió ningún desperfecto con el terremoto y toda mi familia está sana y salva, pero mi hermano, que siempre se ha opuesto a la central nuclear, ha dejado su trabajo y se ha ido a casa de unos amigos en Saitama.

Mis padres, que tenían pensado legar el restaurante a mi hermano, se han quedado de piedra con su decisión. Aun así, mis padres y mi abuela volvieron a abrir el restaurante hace dos días. Mi hermano tiene pensado trasladarse a la provincia de Shiga, donde han dispuesto viviendas para los damnificados de Fukushima.

Yo estoy en Holanda y lo único que puedo hacer por ellos es hablar con mi madre por el Skype todos los días. Rezo por que el problema de la central nuclear se solucione cuanto antes.

M. W.

Correo recibido desde Amsterdam el 25 de marzo a las 4.44 de la mañana (hora de Nueva York).

Foto: Linternas rojas anunciando ramen.

Hablo con Kumiko y me dice que han encontrado a su familiar de Miyagi. Está vivo. Lleva una semana sin poder bañarse, pero está vivo. Le cuenta que la gente está yendo a trabajar sin haberse bañado ni duchado porque no hay agua caliente. Los primeros cinco días ni siquiera tuvieron agua. Siguen sin luz y hace mucho frío. Pero está vivo.

Mi tío llama y llama pero no contestan. Son amigos de cuando trabajaba en Sendai (Miyagi). Gente de pequeños municipios de la costa con la que hacía negocios. Ninguno de ellos está localizado, y ya han pasado diez días. No hay muchas esperanzas.

Mi primo me dice, desde Tokio, que la situación aún no es estable, pero que ha mejorado. Su hijo, de cuatro meses, aún no puede salir a la calle por la radiactividad, a pesar de que es muy baja (en Tokio).

Un bombero describe en la televisión japonesa cómo han sido las labores de enfriamiento de los reactores. No puede contener las lágrimas.

Un experto en tsunamis vuelve a la zona devastada (Miyagi) después de haber estudiado la actividad sísmica de esa región durante años. Llora.

Un hombre vuelve a su antigua casa en Minami Sanriku (Miyagi), de la que sólo quedan algunas vigas de madera. Limpia con un rastrillo en busca de algo que se pueda llevar. “Nada, ni un recuerdo”, dice. Está llorando.

Una madre que busca a su hijo.

Un hombre que se reencuentra con su mujer y su recién nacido.

Una abuela que ha sobrevivido.

Un joven que se recupera en el hospital después de haber luchado contra la ola para salir a flote.

Juraría que todos ellos están llorando, pero algunos expertos españoles afirman que los japoneses nunca lloran en público (!).

*Este blog debería llamarse Notas de Miyagi por rendir un homenaje a la provincia que más víctimas ha tenido. Pero el peligro nuclear ha eclipsado al desastre natural y ha situado a Fukushima en el centro de todas las miradas. ¿Se acordará alguien de Miyagi?

@tanaoshima Foto: Sendai tras el tsunami. ©Wikimedia Commons.

“Pasan los días y cada vez es todo más aterrador. No paro de imaginarme cosas. Puede que la comida también esté contaminada. Ahora lo único que importa es protegernos del peligro.

Cada vez hay menos bienes. La gente se lleva más cosas de las que necesita y se hace difícil conseguir provisiones. Pero de momento estoy consiguiendo comida haciendo largas colas. Nada de caprichos, nada de lujos, asumiendo los cortes de luz. Confío en que esta situación no durará mucho tiempo.

La información es confusa y cambia constantemente. No me creo que estén diciendo la verdad. Los políticos no inspiran ninguna confianza.

A partir de mañana M. ya no irá a trabajar. Porque no hay suficiente gasolina, ni comida, ni luz, y porque además ya no es seguro para ella ir hasta allí. Continúan los terremotos. Pero lo prefiero así, porque estamos juntas.”

Correo recibido el 17 de marzo a las 10:46 (hora de Nueva York).

Foto: Estatua a la entrada del templo Myohonji, en Kamakura.

“En Tokio todavía hay comida, pero empieza a cundir un poco el pánico y hay gente que se lleva grandes cantidades de papel higiénico y alimentos. Hay poca gasolina y en las gasolineras hay unas colas larguísimas que parecen serpientes. A mí me parece que no es el momento de andar comprando en Tokio; quienes lo necesitan de verdad son los de Tohoku.

En Kanto [la región que incluye a Tokio] hemos empezado con los cortes de luz. Setagaya [un barrio de Tokio] no está incluido en el plan de apagones, así que lo hacemos por iniciativa propia. Los trenes también son escasos y la mitad de las tiendas está cerrada. Es bastante deprimente.

Pero lo que más pánico me da ahora es el problema nuclear. Los cuatro reactores de Fukushima están dañados y por lo visto están emitiendo elementos radiactivos. Si empieza la fusión puede ser catastrófico.
Los terremotos y los tsunamis, por aterradores que sean, no duran años. La radiactividad puede durar décadas. Es espantoso.

Y ha sido un accidente sólo en parte.

Si somos un país con alto riesgo sísmico y decidimos tener energía nuclear, nuestras centrales deberían estar mucho mejor preparadas. Tendrían que haber sido diseñadas para resistir terremotos del doble de magnitud que el mayor de los terremotos registrados hasta ahora.

Si la tecnología japonesa va a ser la que arruine el futuro de la Tierra, ya no sé qué lección hemos aprendido de la bomba atómica que nos lanzaron.

Ayer hubo en Shizuoka un terremoto de magnitud 6 y en Tokio se sintió bastante. Me volví a llevar un buen susto.

La tele está llena de noticias tristes, muchos reportajes de víctimas. Hay información útil, pero es todo tan doloroso que me pongo mala. Intento no ver la tele demasiado. Sería entrar en pánico innecesariamente.

M. sigue yendo a trabajar. Está de cierre y está llegando muy tarde a casa. “¿Quién está pensando ahora en comprar un coche?”, me dice, y me da pena.

Ayer estuvimos en casa de los padres de M., en Saitama. Viven en un edificio con mucha gente mayor que tiene que subir las escaleras cuando el ascensor deja de funcionar. A la vuelta no había trenes por el apagón y tuvimos que hacer medio camino en taxi”.

Correo recibido de Tokio el 16 de marzo a las 3.24 de la mañana (hora de Nueva York).

Foto: El barrio de Setagaya, Tokio. ©Wikimedia Commons.

“Nunca había vivido un terremoto así, no de esa fuerza. A mí me pilló comprando, la gente dejaba sus compras y corría hacia la calle pero yo preferí terminar toda mi compra, compré mucho, muchísimo, y luego salí a la calle. Vi a mucha gente corriendo con maletas hacia la explanada del Palacio Imperial y el Parque de Hibiya. Caminé una hora hasta llegar a casa”.

Correo recibido desde Tokio el 15 de marzo de 2011.

“Los extranjeros que viven en Tokio están muy asustados con las réplicas [del terremoto] y los daños en las centrales nucleares. Dicen que la embajada francesa ha recomendado a sus ciudadanos salir del país. Esta mañana unos amigos franceses cogieron el primer avión de la mañana y partieron a Fukuoka. A partir de hoy se van a suspender los servicios de algunos trenes debido a los cortes de luz. En cada barrio va habiendo cortes de luz, por orden. En los supermercados empieza a escasear la comida. La vida cotidiana en Tokio empieza a verse afectada en serio. Ha habido mucha gente hoy que no ha podido ir ni al colegio ni al trabajo. Todos los trenes de la periferia están parados. Creo que tardaremos en volver a la normalidad.”

Correo recibido desde Tokio el 14 de marzo de 2011 a las 7.02 de la mañana (hora de Nueva York).

@tanaoshima.

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