Una temporada en el país de los dioses
5 agosto, 2011

Estos días están siendo frescos en Tohoku. Tal vez sea un alivio para quien vive en un país con una naturaleza bella pero inhóspita. El calor ha sido tórrido en julio, con esa humedad aplastante tan característica y que en el asfalto de las ciudades se vuelve insoportable. La semana pasada las inundaciones en Fukushima y en la vecina Niigata obligaron a evacuar a 300.000 personas. Casi 30 centrales hidroeléctricas (de nuevo, Tepco) quedaron cerradas, y de nuevo la central accidentada de Fukushima se vio amenazada (esta vez, por un tifón).
Recuerdo que en el verano de 2003 se registró uno de los veranos más fríos de los que se tenían constancia en Japón. En pleno agosto caminábamos con abrigo por las calles de Tokio y cubríamos con desesperación las inundaciones en Niigata, la capital del arroz. Ese año las plantaciones quedaron arruinadas y el precio del grano se disparó. Siempre es un drama tener que comprar arroz de California, por mucho que sea de la variedad Koshihikari.
Niigata y Fukushima han vuelto a quedar anegadas y de nuevo son los agricultores las primeras víctimas. Pero no sólo por las inundaciones de Niigata. El Gobierno ha admitido que el veneno invisible de Fukushima puede haberse extendido también por los arrozales de las provincias próximas a Tokio. El bambú (cuyas raíces se comen en Japón) y las setas ya han mostrado evidencias radiactivas, al igual que la carne, aunque demasiado tarde.
Hay pocos indicios que hagan pensar que el conjunto tsunami-crisis nuclear haya dejado de ser el desastre que era cuando acaparaba las páginas de los periódicos. Ha habido un nuevo récord de radiaciones en la central, escándalos por carne contaminada, posible arroz radiactivo, refugiados que siguen sin casa, aguas fétidas en las marismas que dejó el tsunami, suicidios, tétano, llamadas de auxilio. Y mucha desconfianza.
Al margen de los medios de comunicación, las imágenes en vivo que ofrece la modesta webcam instalada por Tepco (y que se puede ver por Youtube) cerca de la central número 1 de Fukushima sacian la inquietud o curiosidad de muchos japoneses. Aunque a veces inquietan aún más. Concretamente, el vídeo de la noche del 4 de agosto ha sido el más visto de todos. En él parece verse un incendio en el complejo nuclear… que Tepco ha desmentido.
El debate está en llamas.
@tanaoshima Foto: Una plantación artificial de cedros junto a un arrozal. @Wikipedia.
Enlaces, 5 de abril
5 abril, 2011
Las principales informaciones que estamos leyendo:
- Half-Life and Death: Radioactive Drinking Water Scare in Japan Subsides, but Questions Remain (Scientific American). Tres semanas después del terremoto y el tsunami, la situación en la planta nuclear de Fukushima continúa siendo “muy seria”, según la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA). Un completo artículo publicado en ‘Scientific American’ analiza los riesgos que presenta la situación para la salud y la información disponible hasta la fecha.
- At 84, a City’s Last Geisha Defies Time (NYT). El día del terremoto, la última geisha de Kawaishi se preparaba para cantar en el exclusivo y lujoso restaurante donde empezó a trabajar a las 14 años, hace siete décadas.
- Removal of 60,000 tons of radioactive water eyed at Fukushima plant (The Mainichi Daily News). Se estima que un total de 60.000 toneladas de agua radiactiva está inundando el sótano de la central de Fukushima. El Gobierno ha afirmado que retirará este agua.
- Sushi Science: Fear, Not Radiation, Seen As Risk (NPR). ¿Qué posibilidades hay de que el pescado japonés esté contaminado por el agua radiactiva procedente de la central de Fukushima? El artículo de National Public Radio explora los distintos escenarios.
- Hallan yodo radiactivo 7,5 millones de veces más del permitido en Fukushima (El Mundo). La empresa Tepco ha informado de que en aguas marinas próximas a la central nuclear de Fukushima se ha detectado un nivel de yodo radiactivo 7,5 millones de veces superior al límite legal (un primer análisis apuntó a 5 millones), mientras el cesio-137 lo excede en 1,1 millones de veces.
- Cars after Japan’s quake: Toyota, Nissan, and Honda plan to restart production (Christian Science Monitor). Los tres principales fabricantes de automóviles de Japón podrán recuperarse a finales de año de las pérdidas sufridas por el tsunami, según los analistas.
(Esta información se actualiza a lo largo del día. ¿Tienes alguna sugerencia? Envíanos tus enlaces a través de nuestra página de Facebook)
La “otra” información
2 abril, 2011
Mientras los principales medios de comunicación se centran en difundir las voces oficiales respecto a la catástrofe tanto natural como nuclear, las teorías extraoficiales circulan por internet. Destacamos algunas a continuación:
La turbia relación entre París y Tokio. Algunos blogs de información en japonés afirman que Francia evacuó muy pronto a sus ciudadanos de Japón porque el presidente de Tepco había informado confidencialmente a los expertos nucleares franceses sobre la “situación real” de Fukushima. El Gobierno francés habría dado preferencia a sus ciudadanos antes que guardar la confidencialidad de las revelaciones de Tepco y por lo tanto habría elevado al máximo la alerta, respondiendo a la “situación real” de la central nuclear de Fukushima.
El origen del desastre. El periodista y escritor de larga trayectoria antinuclear, Takashi Hirose, en su artículo “La verdad sobre el accidente nuclear de Fukushima“, denuncia la manipulación del Gobierno japonés de todo el desastre. Para empezar, la manipulación de la magnitud del seísmo que, según él, elevaron de 8,4 a 8,8 y por último a 9,0 para justificar el accidente nuclear; la misma estrategia, dice el periodista, que la empleada por el Gobierno chino con el terremoto de Sichuan.
El periodista alega que tal magnitud es falsa ya que el seísmo que azotó en 2008 la misma costa de Iwate fue mucho más intenso (registró una aceleración de 3.866 Gal, frente a los 2.933 Gal del último terremoto), pero sólo le fue atribuida una magnitud de 7,2 (frente a 9,0 del último seísmo).
Hirose arremete contra la ligereza de los medios de comunicación japoneses, quienes se han referido al tamaño del tsunami como algo “histórico”, “inimaginable” y “fuera de toda sospecha”, cuando en 1896 la costa de Iwate fue destruida por una ola de casi 40 metros.
Etcétera.
Carta desde Amsterdam
25 marzo, 2011

Soy oriunda de Fukushima (ciudad). Mi abuela, mis padres y mi hermano llevan allí un restaurante de ramen. Mi hermano se casó el año pasado y acaba de tener un hijo, de modo que él y su mujer se mudaron con el bebé a casa de mis padres.
Nuestra casa no sufrió ningún desperfecto con el terremoto y toda mi familia está sana y salva, pero mi hermano, que siempre se ha opuesto a la central nuclear, ha dejado su trabajo y se ha ido a casa de unos amigos en Saitama.
Mis padres, que tenían pensado legar el restaurante a mi hermano, se han quedado de piedra con su decisión. Aun así, mis padres y mi abuela volvieron a abrir el restaurante hace dos días. Mi hermano tiene pensado trasladarse a la provincia de Shiga, donde han dispuesto viviendas para los damnificados de Fukushima.
Yo estoy en Holanda y lo único que puedo hacer por ellos es hablar con mi madre por el Skype todos los días. Rezo por que el problema de la central nuclear se solucione cuanto antes.
M. W.
Correo recibido desde Amsterdam el 25 de marzo a las 4.44 de la mañana (hora de Nueva York).
Foto: Linternas rojas anunciando ramen.
Los hijos de la bomba
19 marzo, 2011

En mi época, los niños se seguían refiriendo a la bomba atómica como Pika-don, las onomatopeyas del relámpago y del trueno. La conocíamos como algo horrible y sombrío que había matado a mucha gente y había dejado a muchos niños sin sus madres. Había ocurrido en ciudades que desde Kamakura o Shizuoka me parecían muy lejanas, y además había ocurrido mucho tiempo atrás. Era como un mito, aunque terrorífico.
Shiro es la primera persona que conocí que hablaba de la bomba con una familiaridad casi íntima. Hablaba de “cuando cayó Pika” como quien habla de la visita de un pariente. Nació en Nagasaki y ahí es donde vive, en una choza en la montaña, cultivando mazorcas y haciendo cerámica. Trabajaba la huerta con su padre, hasta que murió.
Lo vi unos días después, en plena estación de lluvias.
- ¿Qué tal está tu padre?-, le preguntamos.
- Mi padre murió el mes pasado. El día 25-, respondió con ímpetu.
- ¿Y qué tal está tu madre?
- Mi madre está bien-, dijo como un alférez ante un sargento, como siempre responde, con aparente entusiasmo. – Mi madre está histérica-, añadió en el mismo tono.
- ¿Sigues viviendo en la choza de la montaña?
- Sigo viviendo en la choza de la montaña.
- ¿Sigues sin tener cocina?
- Sí, no tengo cocina. Pero cocino sobre la estufa. Ahora me la quiero hacer en cerámica.
- ¿Y WC?
- No. Pero ahora que me han instalado la cañería a lo mejor también me lo fabrico en cerámica. De momento me dejan el de la abuela.
- ¿Qué tal Yusan?
- Bien. Se ha fabricado un novio. De Hiroshima. Y yo me siento culpable.
- ¿Por Yusan?
- No, por mi padre. Pienso que tal vez yo contribuí a fabricar su cáncer.
Shiro se tomó un sorbo de té.
- Estamos en el periodo en el que dicen que su alma todavía revolotea por aquí-, dijo de repente, a modo de información, como si hablase de un monumento histórico. -Eso es lo que nos dijo el monje de la escuela Rinzai.
- ¿En tu casa sois Rinzai?-, le preguntó M.
- En mi casa somos Zen-, dijo sonriente.
(No es que mi memoria sea prodigiosa; es que cuando hablo con Shiro, muchas veces tomo notas).
Su padre llevaba siempre consigo la cartilla de Hibakusha, víctima de la bomba atómica.
Estos días se vuelve a leer en la prensa la palabra Hibakusha. Esta vez se refiere a las personas contaminadas por los escapes radiactivos de las centrales nucleares de Fukushima. Todo se parece demasiado a la Segunda Guerra Mundial. “Atacaremos hasta el final”, dijo ayer Yukio Edano, el jefe del Gabinete, el hombre del momento.
@tanaoshima Foto: Nagasaki tras la bomba atómica. ©Wikimedia Commons.
Carta desde Tokio, 16 de marzo
16 marzo, 2011

“En Tokio todavía hay comida, pero empieza a cundir un poco el pánico y hay gente que se lleva grandes cantidades de papel higiénico y alimentos. Hay poca gasolina y en las gasolineras hay unas colas larguísimas que parecen serpientes. A mí me parece que no es el momento de andar comprando en Tokio; quienes lo necesitan de verdad son los de Tohoku.
En Kanto [la región que incluye a Tokio] hemos empezado con los cortes de luz. Setagaya [un barrio de Tokio] no está incluido en el plan de apagones, así que lo hacemos por iniciativa propia. Los trenes también son escasos y la mitad de las tiendas está cerrada. Es bastante deprimente.
Pero lo que más pánico me da ahora es el problema nuclear. Los cuatro reactores de Fukushima están dañados y por lo visto están emitiendo elementos radiactivos. Si empieza la fusión puede ser catastrófico.
Los terremotos y los tsunamis, por aterradores que sean, no duran años. La radiactividad puede durar décadas. Es espantoso.
Y ha sido un accidente sólo en parte.
Si somos un país con alto riesgo sísmico y decidimos tener energía nuclear, nuestras centrales deberían estar mucho mejor preparadas. Tendrían que haber sido diseñadas para resistir terremotos del doble de magnitud que el mayor de los terremotos registrados hasta ahora.
Si la tecnología japonesa va a ser la que arruine el futuro de la Tierra, ya no sé qué lección hemos aprendido de la bomba atómica que nos lanzaron.
Ayer hubo en Shizuoka un terremoto de magnitud 6 y en Tokio se sintió bastante. Me volví a llevar un buen susto.
La tele está llena de noticias tristes, muchos reportajes de víctimas. Hay información útil, pero es todo tan doloroso que me pongo mala. Intento no ver la tele demasiado. Sería entrar en pánico innecesariamente.
M. sigue yendo a trabajar. Está de cierre y está llegando muy tarde a casa. “¿Quién está pensando ahora en comprar un coche?”, me dice, y me da pena.
Ayer estuvimos en casa de los padres de M., en Saitama. Viven en un edificio con mucha gente mayor que tiene que subir las escaleras cuando el ascensor deja de funcionar. A la vuelta no había trenes por el apagón y tuvimos que hacer medio camino en taxi”.
Correo recibido de Tokio el 16 de marzo a las 3.24 de la mañana (hora de Nueva York).

