“En Tokio todavía hay comida, pero empieza a cundir un poco el pánico y hay gente que se lleva grandes cantidades de papel higiénico y alimentos. Hay poca gasolina y en las gasolineras hay unas colas larguísimas que parecen serpientes. A mí me parece que no es el momento de andar comprando en Tokio; quienes lo necesitan de verdad son los de Tohoku.

En Kanto [la región que incluye a Tokio] hemos empezado con los cortes de luz. Setagaya [un barrio de Tokio] no está incluido en el plan de apagones, así que lo hacemos por iniciativa propia. Los trenes también son escasos y la mitad de las tiendas está cerrada. Es bastante deprimente.

Pero lo que más pánico me da ahora es el problema nuclear. Los cuatro reactores de Fukushima están dañados y por lo visto están emitiendo elementos radiactivos. Si empieza la fusión puede ser catastrófico.
Los terremotos y los tsunamis, por aterradores que sean, no duran años. La radiactividad puede durar décadas. Es espantoso.

Y ha sido un accidente sólo en parte.

Si somos un país con alto riesgo sísmico y decidimos tener energía nuclear, nuestras centrales deberían estar mucho mejor preparadas. Tendrían que haber sido diseñadas para resistir terremotos del doble de magnitud que el mayor de los terremotos registrados hasta ahora.

Si la tecnología japonesa va a ser la que arruine el futuro de la Tierra, ya no sé qué lección hemos aprendido de la bomba atómica que nos lanzaron.

Ayer hubo en Shizuoka un terremoto de magnitud 6 y en Tokio se sintió bastante. Me volví a llevar un buen susto.

La tele está llena de noticias tristes, muchos reportajes de víctimas. Hay información útil, pero es todo tan doloroso que me pongo mala. Intento no ver la tele demasiado. Sería entrar en pánico innecesariamente.

M. sigue yendo a trabajar. Está de cierre y está llegando muy tarde a casa. “¿Quién está pensando ahora en comprar un coche?”, me dice, y me da pena.

Ayer estuvimos en casa de los padres de M., en Saitama. Viven en un edificio con mucha gente mayor que tiene que subir las escaleras cuando el ascensor deja de funcionar. A la vuelta no había trenes por el apagón y tuvimos que hacer medio camino en taxi”.

Correo recibido de Tokio el 16 de marzo a las 3.24 de la mañana (hora de Nueva York).

Foto: El barrio de Setagaya, Tokio. ©Wikimedia Commons.
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