Cerezos en flor
18 abril, 2011

Nos llegan buenas noticias de la región de Tohoku: ¡han florecido los cerezos!
Eso es siempre noticia en Japón. En años normales, ha sido portada en los periódicos: es de máximo interés nacional. Este año, en Tokio, donde florecieron un poco antes, el diario Asahi Shinbun tituló así una de sus fotos: “Son tiempos tristes, pero los cerezos están en flor”.
El Hanami es la fiesta de la floración. Consiste en ir a contemplar los cerezos en flor. Las zonas más cálidas de Japón ya están teniendo su Hanami o lo han tenido ya, y ahora le está llegando el momento al devastado noreste.
En cuatro municipios de la provincia de Iwate (Rikuzentakata, Ofunato, Kamaishi y Otsuchi) han puesto servicios turísticos gratuitos para poder asistir al espectáculo de la floración entre los días 25 y 30, cuando estarán los cerezos en su apogeo.
Se espera que participen 1.200 personas que viven en los refugios temporales de estos municipios. El objetivo, como dice el Mainichi Shinbun citando a una fuente oficial, es “ayudar a que [los cerezos] reconforten anímicamente a la gente”. El paquete incluye la visita a unos baños termales, comida y Hanami.
El dolor causado por la naturaleza encuentra consuelo en la naturaleza.
Testigo desde Tohoku
27 marzo, 2011
Jonathan Watts ha cubierto el tsunami de Tohoku como enviado especial del periódico para el que trabaja, The Guardian. A Watts, que domina el japonés tanto hablado como escrito, lo conocimos como corresponsal en Japón del diario británico (ahora es corresponsal de medio ambiente para Asia, ubicado en Shanghai). Nos ha cedido dos fotografías y el testimonio de Taiko Sawadate, una enfermera de 59 años, que resumimos a continuación como una visión directa de la catástrofe:
Estaba segura de que iba a morir. Estaba oscuro dentro del agua y por todos lados recibía los golpes de los escombros cuando intentaba nadar. En un momento dado vi una casa entera que se venía hacia mi. Pero la corriente me empujó hacia delante y de repente me encontré en el aire y sobre una colina. Al menos podía respirar. No sé por cuánto tiempo estuve dentro del tsunami. Todo probablemente duró menos de un minuto.
Pensé que estaba a salvo, pero nunca imaginé que el tsunami sería tan grande. Sufrí uno cuando era niña y entonces se construyó un gran muro de protección [frente al mar]. Cuando las alarmas sonaron tuve alrededor de 20 minutos para escapar con mi madre a un lugar elevado. Condujimos incluso por encima del área de seguridad recomendada, estaba segura de que estábamos bien. Entonces alguien gritó: “Ahí viene”, y me asomé para mirar.
El agua nos cubrió. [...]
Algunas personas me encontraron y me dieron ropa seca. Soy enfermera, así que curé mis propias heridas. [...]
Encontramos seis cuerpos el primer día y más el segundo, incluida mi madre. No estaba lejos. Envolví el cuerpo en la sábana más limpia que pude encontrar y puse un borde de piedras alrededor. Entonces lo cubrí con un futón para que los cuervos no pudieran llegar hasta él. Recé y la dejé allí. Hay tantos cuerpos que las autoridades no saben qué hacer con ellos.



