El barrio de Hokusai

17 marzo, 2011

De Asakusa a Ueno se puede ir caminando. En metro -línea de Ginza, color naranja- son unas pocas paradas, pero merece la pena el paseo. Son barrios viejos, barrios bajos. Conservan el espíritu y los restos de la ciudad, y algunas de sus historias más antiguas.

El mercado de Ueno recuerda el pasado asiático de Tokio, diluido en los barrios más modernos. Ueno era uno de los principales puntos del mercado negro en los años de la posguerra y todavía lo parece: puestos abiertos, cabezas abiertas de pescado, ropa colgada de elevados percheros, artesanos y comerciantes con un acento duro y rotundo, la sombra de los ‘yakuza’.

En el centro del parque, donde los adolescentes pierden el tiempo en las horas escolares y los ‘homeless’ se pelean por un trozo de acera, se levanta imponente el Museo Nacional de Tokio. También hay un estanque de nenúfares y otros recuerdos.

Este fin de semana estaba previsto que el museo abriera al público su parque de cerezos con motivo de la llegada de la primavera. Ignoro si se abrirá, o si irá alguien al cabo de la primera semana del terremoto. En las informaciones de los medios es difícil seguir estos detalles: cómo sigue la vida en Tokio, si están llenos por la noche los estrechos ‘izakaya’  de Shinjuku, si se emborrachan al salir del trabajo los “asalariados” (tradución directa de ‘salarymen’, como se los conoce en Japón), si los cruces siguen tan poblados.

Una de las galerías del Museo Nacional de Tokio tiene las cicatrices del terromoto de Tokio de 1923, el Gran Terremoto de Tokai. El edificio quedó prácticamente destruido. Se volvió a levantar. Tiene 24 galerías que recorren el arte japonés desde su primeras manifestaciones hasta Edo, cuando Ueno y los primeros barrios que recorre la línea de Ginza eran el centro de Tokio.

En una de las galerías se exponen una de las obras más conocidas de Hokusai, el maestro del ukiyo-e: “La gran ola de Kanagawa”, parte de sus 36 vistas del Monte Fujji que pintó entre 1823 y 1829, y con las que creó una iconografía de Japón que perdura desde entonces. La obra también se conoce como “La ola”.

El terremoto y el tsunami forman parte de la tradición artística japonesa. La máxima representación es la obra de Hokusai: tantas veces se ha utilizado que nos sorprende que el mar se coma la tierra con ritmo pesado y paquidérmico, sin la fuerza de la pintura.

Hokusai nació en Honjo, Tokio: barrio viejo, al borde del río Sumida. En los márgenes del río duermen los ‘homeless’ y en los callejones los niños juegan al béisbol. Allí también nació el poeta Basho, que dejó dicho: “Todos los días son viaje y la casa misma es viaje”.

@cmdelaserna / Imagen: “La gran ola de Kanagawa”, Hokusai.
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