En 1945, tras la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial, el presidente Truman envió a 1.150 personas a Hiroshima con el objetivo de documentar el impacto de la bomba atómica sobre la ciudad japonesa. Entre ellos había un grupo de fotógrafos.

Las imágenes que tomaron se utilizaron para analizar de forma exhaustiva los daños de la explosión y las consecuencias de la radiación. Durante años estuvieron clasificadas. Se usaron como referencia para la construcción de edificios militares en Estados Unidos.

Desde el pasado mes de mayo, y hasta finales de agosto, se exponen unas 60 imágenes de entonces en las paredes del Centro Internacional de Fotografía (ICP) de Nueva York. El archivo completo del ICP sobre Hiroshima es de 700 fotografías: un testimonio excepcional de la bomba y la desolación de la ciudad.

La imagen superior muestra las ruinas del Templo de Kokutai. La fotografía es del 5 de noviembre de 1945.

Cada 6 de agosto, en la explanada del Peace Memorial Park de Hiroshima, se recuerda aquel verano de 1945.

Este año se celebra el 66 aniversario, una fecha en principio poco propicia para celebraciones especiales. Pero 2011 es el año del gran terremoto de Tohoku, que tantos recuerdos ha removido.

A las 8:15 de la mañana, la hora de la explosión, sonó la Campana de la Paz. El nuevo alcalde de la ciudad leyó la declaración, que incluyó una mención excepcional al gran terremoto de Tohoku, “tan destructivo que revivió las imágenes de Hiroshima de hace 66 años” (cita el diario ‘Asahi’). El primer ministro Naoto Kan afirmó que Japón se encaminará hacia la no dependencia de la energía nuclear.

Un breve recordatorio para el archivo: la portada del Washington Post del 7 de agosto 1945 se refería a la bomba de Hiroshima y la explosión como “una nueva era de poder al beneficio del hombre”.

Y un apunte: por primera vez habrá un representante de Estados Unidos en la ceremonia de Nagasaki del 8 de agosto.

(Otra nota: la periodista del New York Times Hiroko Tabuchi informa en su twitter de la apertura de una nuevo café Starbucks en Fukushima, la ciudad más cercana a la central nuclear. Había, dice Tabuchi, una larga cola de gente en la puerta).

(@cmdelaserna / Fotografía: Centro Internacional de Fotografía, ICP).

Enlaces, 25 de abril

25 abril, 2011

Algunas de las principales informaciones e historias que estamos leyendo:

El tsunami que arrasó parte del litoral del Norte de Japón destruyó miles de barcos y arruinó la costa. Las informaciones hablan de 19.000 barcos destruidos por el terremoto, muchos de ellos perdidos para siempre. El puerto de Kesennuma (provincia de Miyagi), uno de los más activos del país y centro pesquero que abastece a todo el archipiélago, es un mar de escombros.

En Kesennuma hay barcos hechos migajas, otros totalmente abrazados o inertes en un cementerio de astillas. Allí había uno de los criaderos de ostras más importantes del archipiélago. Desapareció bajo el tsunami.

Masao Hatakeyama tiene 74 años y trabaja en el mar desde siempre. Su barco yace entre tejados de casas destruidas. Con un crédito de 10 millones de yenes había comprado su barco. Pensaba que sus hijos y nietos podrían vivir también del mar. Ante el desolador paisaje de lo que hasta ahora había sido su vida y ya no es, se resigna y no quiere volver al mar.

Se siente miserable por su decisión. Mineko, su esposa, tampoco quiere volver al mar. El mar ha dejado de ser su medio de vida y es su pesadilla, dice resignada.

Shigeyasu, otro pescador de Kesenmuma, tiene 67 años. Lleva en el cultivo de ostras desde hace cinco décadas. Quiere volver al mar, lo hará por sus nietos, pero calcula que necesitará 200 millones de yenes para restablecer su negocio.

El señor Kinone es un pescador de la isla de Hokkaido. Su enorme barco pesquero Shinnomaru fue arrastrado y abrasado por las llamas. Un barco de estas dimensiones cuesta 8.000 millones de yenes. Tiene la intención de reconstruirlo.

La provincia de Miyagi ha perdido más de 4.000 millones en el negocio pesquero. En el momento de la tragedia, 38 barcos procedentes de Aomori, Toyama y Hokkaido fueron totalmente destruidos. La reconstrucción de la dañada industria pesquera, dice el profesor Suenaga de la Universidad de Keiyou en Tokyo, es una tarea de todo Japón.

La captura del congrio ha sido prácticamente desechada por la radiación. En el gran mercado de Tsukiji, en Tokio, este pescado permanece horas y horas a la espera de un comprador. Antes del terremoto desaparecía antes de que amaneciera en la capital japonesa.

Foto: Un soldado de las Fuerzas de Autodefensa japonesas busca a los desaparecidos en el tsunami en la ciudad portuaria de Kesennuma. ©Wikipedia.

La cerámica de Aizu

20 abril, 2011

En las novelas de Kawabata la cerámica ejerce con frecuencia un papel simbólico: es la herencia del pasado, el hilo directo que une a los personajes con sus antepasados. Las mismas tazas donde beben té fueron de generaciones anteriores.

Por los poros de las tazas se cuelan la humedad y las viejas historias familiares. En los silencios se escucha el sonido del té, servido a pequeños golpes. Para Kawabata, la cerámica es un pedazo vivo de barro.

Por los distintos puntos del mapa japonés hay referencias para los amantes de la cerámica. La lista de todas sería muy larga: del Este al Oeste, de unos colores a otros, de unas influencias a otras. Los japoneses cuidan las pequeñas artes con devoción. Es difícil no compartir su entusiasmo por los pequeños objetos y rutinas que hacen la vida diaria más acogedora. Quizá hay que recordar que en Japón la pequeña vida puede ser una delicia.

En la región de Tohoku la cerámica más antigua es la de Aizu Hongo (en la zona también son reputados sus lacados). Se atribuye su origen a 1645, cuando el señor feudal de Aizu encargó una serie de piezas para la ceremonia del té a un maestro del centro del país.

Las piezas se elaboraron, al parecer, con una tierra marrón decorada en los bordes con un vidriado blanco, azul, gris verdoso o azulado (la imagen superior muestra algunos ejemplos). Con estos rasgos se desarrolló la escuela de cerámica local, con más de 10 variedades.

En la guerra civil de Boshin, en 1868, muchas de las piezas más viejas se perdieron. Cuando concluyó, y se reorganizó el mapa de Japón, se recuperó la producción.

Me imagino a los ceramistas de la región estos días: seguirán al cuidado de sus hornos, reconstruyéndolos si ha sido necesario, preparando nuevas piezas que se transmitirán de una generación a otra. Así han hecho siempre.

@cmdelaserna | Foto: Muestra de cerámica de Aizu Hongo. ©Ministerio de Economía, Comercio e Industria japonés.

Mi familia japonesa ha agradecido el lote de comida que le he hecho llegar desde aquí. A diferencia de Tohoku, en Tokio y alrededores no hay problema de abastecimiento de alimentos, pero nunca viene de más tener pequeñas delicias extranjeras en momentos así. Uno de los productos que más me encargan son las cajas de chocolates Whitman’s.

Hoy los venden en cualquier Duane Reade, pero hace 60 años eran unos bombones muy valorados. Los comían mi padre y mis tíos en su casa de Kamakura después de que se los obsequiaran, con frecuencia, unos amigos estadounidenses. Los comió mi padre de pequeño y los comieron mis tías cuando estudiaron en San Francisco y Boston en la inmediata posguerra. No los vendían en Japón y eran, como todo lo que traían por entonces los americanos, algo extraordinario. Como las chocolatinas Hershey’s que repartían los marines en las calles de Tokio al finalizar la contienda.

Como hemos comentado muchas veces en este blog, la crisis que ha desencadenado la catástrofe natural y el accidente nuclear en Japón recuerda a la última posguerra. Así lo vive mucha gente que recuerda aquellos años posteriores a la Segunda Guerra Mundial. EEUU había demostrado su fuerza con creces, no sólo su potencia destructora sino también su poder libertador. Los soldados americanos sonreían a las chicas japonesas, regalaban dulces a los niños, ayudaban a los ancianos. Estaban allí para ayudar a Japón a enderezarse hacia el buen camino.

(Ésta es la imagen que prevaleció, aunque la ocupación de MacArthur tuvo muchas sombras. Pero entonces la política de Washington estaba llena de gestos “amistosos” hacia la sociedad japonesa. Mis tías estudiaron en EEUU porque se beneficiaron de unas becas diseñadas específicamente para jóvenes japonesas que podían ver su futuro profesional truncado por el desastre bélico).

Lo hemos visto en Irak, con resultados muy distintos. Porque ni Bush era MacArthur ni Irak es Japón. Pero ése es otro tema.

La cuestión es que desde entonces EEUU ha sido el gran aliado de Japón, y los japoneses que aceptaron la derrota también aceptaron la protección, en adelante, de los americanos. Hoy en día hay japoneses que rechazan la imagen de EEUU como el “hermano mayor” que viene en su defensa. Quieren modificar el famoso artículo 9 de la Constitución de MacArthur (el que prohíbe a Japón tener un ejército) y dotarse de una armada propia. “Sin ejército, estamos como castrados”, me dijo una vez una amiga de Tokio.

Pero gran parte de la sociedad (de momento, mayoría, pese a la oposición de Okinawa) prefiere mantener el principio pacífico y reconoce en EEUU al primo protector.

El día en que el Gobierno japonés elevó el nivel de alerta nuclear al máximo, el pasado 12 de abril, muchas de las reacciones populares de los japoneses -manifestadas a través de Twitter- estuvieron dirigidas hacia su gran aliado. “¿Por qué no piden ayuda a EEUU?”, decía uno. “Vamos a pedir a EEUU que nos ceda terreno a los de Tohoku”, decía otro. “Emigremos todos a EEUU”, añadía un tercero.

Vuelven los recuerdos de los bombones Whitman y los aires de bonanza que llegaban del otro lado del Pacífico. El chocolate, las sopas y los beef jerkey sientan muy bien una vez ha pasado lo peor.

Pero, pese a todo, lo que más reconforta ahora mismo a los japoneses es poder tomar un buen bol de arroz recién cocido, algo que todavía no está asegurado en muchos de los refugios de la región devastada. “Tenemos pan, pero no arroz, y me da miedo que los niños se queden desnutridos”, oí decir a una refugiada por televisión.

Supongo que será algo así como preferir el cálido aliento de la madre frente a la poderosa musculatura del hermano mayor.

@tanaoshima Foto: Suministro racionado de arroz en 1945 en Japón. ©Wikipedia

Una amiga nos ha descubierto este blog. Su autor es un artista japonés, Yoshikazu Suzuki, que lleva un taller de pintura para niños en Fukushima, muy cerca de la central nuclear accidentada. Suzuki estuvo afincado en Cataluña durante los años 80 y 90. Ahora, casi un mes después del terremoto, el taller ha vuelto a abrir sus puertas. Los niños vuelven poco a poco a la normalidad, pero las fuertes réplicas sísmicas y la lluvia ligeramente radiactiva recuerdan día a día la magnitud del desastre que el dibujo les ayuda a superar.

Traducimos aquí su post más reciente (del 9 de abril).

Es un sábado lluvioso.
Una lluvia fina cae sin parar, sin cortarse. (…)

¿Qué es lo que dicen que tiene la lluvia?

Los niños llegan bajo el paraguas. Se bajan del coche y los pocos pasos que tienen que dar y los tres escalones que tienen que subir lo hacen bajo el paraguas.

Cuando era pequeño
en los días de lluvia me subía a la bici
y me encantaba correr empapado en la lluvia.

Ahora también me gusta mojarme en la lluvia.

Pero ahora (¿a partir de ahora?) es mejor no hacerlo.

¿Volverá el día en que pueda uno volver a mojarse placenteramente en la lluvia?

Le pido a esta lluvia que no para de caer que llegue pronto el día
en que podamos mirar al cielo
y dejar que la lluvia limpie nuestros sentimientos.

Por la tarde pude ver a [mis alumnas] Kasumi y a Sumire.
Kasumi llegó muy seria y me dio un pálpito, pero utilizó para su dibujo unos colores muy suaves y blandos que me tranquilizaron un poco.

Sumire ha tenido hoy su último día de clase.

Espero volver a verla pronto.

La próxima vez que la vea seguro que tendrá ya cara de niña mayor.

“¡Hasta pronto!”.
“No para de llover, ¿verdad?”
“Es una lluvia que hace presagiar que va a seguir cayendo sin parar, ¿verdad?”

Y en sus ciudades, ¿también llueve sin parar?

Las ciudades mojadas por la lluvia tienen algo que nos vuelve expectantes.
Como una pequeña visita de la primavera.

En cualquier momento, por pequeña que sea,
a mí me parece maravillosa.

Como una primavera
pequeña
pequeña
que cae del cielo.

Foto: Niños pintando en el taller de Yoshikazu Suzuki. ©http://suzuky.exblog.jp

Un mes después del terremoto, éstos son los principales titulares que recogen los periódicos japoneses (en la edición online del domingo 10 a las 10.20 de la mañana, hora japonesa):

- Asahi Shinbun: Los ’50 de Fukushima’ continúan una lucha dura e insegura. Los técnicos que trabajan en la central nuclear Nº1 de Fukushima para intentar contener los escapes radiactivos (los “50 de Fukushima”, como han sido bautizados por los medios extranjeros), siguen en una situación penosa, trabajando en un entorno muy inseguro desde el amanecer hasta altas horas de la noche y sin apenas tiempo para hablar con sus familias, dice el principal diario japonés.

- Yomiuri Shinbun: El accidente nuclear [de Fukushima] podría superar al de Three Mile [Island]. Según el segundo periódico de Japón, el comité de la Escala Internacional de Acontecimientos Nucleares (INES) está estudiando elevar el nivel de peligro a 6, por encima de Three Mile Island y sólo superado por Chernóbil.

- Mainichi Shinbun: Tokyo Disneyland reabrirá sus puertas el día 15 [de abril]. El popular parque temático situado a las afueras de la capital japonesa cerró a raíz de los apagones programados por Tepco, cuenta el rotativo.

- Tokyo Shinbun: Fallece Sidney Lumet, director de ‘Doce hombres en pugna’. El diario se hace eco de la muete del cineasta estadounidense.

Foto: Tokyo Disneyland. ©Wikipedia.

El horizonte

28 marzo, 2011

Al cabo de tres semanas la crisis que afronta Japón tras el desastre natural del 11 de marzo parece consolidada más que en vías de solucionarse. No se observan salidas claras y definidas y predomina un cierto caos propio del ritmo de los acontecimientos. ¿Es posible establecer alguna fecha, un horizonte, para que el país recupere una cierta normalidad? ¿Es realista a medio plazo esta aspiración?

El desconcierto y la sensación de que el Gobierno está superado por los acontecimientos parecen inevitables.

Las labores de rescate: el debate es la conveniencia de crear un organismo centralizado e independiente que gestione las labores de ayuda y reconstrucción de bienes e infraestructuras a partir de la implicación de las autoridades locales. Según una información publicada en la edición en inglés del diario Mainichi Daily News, en las zonas más afectadas por el tsunami el acceso a bienes básicos resulta todavía complicado (otros medios han publicado informaciones similares en la última semana).

Se estima que hay unas 500.000 personas que han perdido sus casas como consecuencia del terremoto. La mayoría está alojada en refugios a la espera de que se encuentre una solución permanente a su situación.

El drama personal es también el de toda una región desnaturalizada tras el tsunami. Japón parece obligado a mirar hacia el Oeste del país, que observó el terremoto sin sufrir sus consecuencias y puede ver con cierta distancia la crisis de Fukushima. Para ello, tendría que adoptar una serie de medidas con profundas implicaciones para el futuro del archipiélago y las reformas, en Japón, si llegan acostumbran a hacerlo con lentitud.

(Un apunte: en el sector automovilístico, por citar otro ejemplo del impacto del terremoto sobre las infraestructuras, la falta de suministros está provocando la mayor crisis del sector nipón en toda su historia, según Koji Endo, director de Advanced Research Japan).

La crisis nuclear: la confusión en torno a la evolución de la planta de Fukushima tras el tsunami enfatiza el carácter caótico de la situación. Se desconoce realmente la gravedad de las filtraciones al agua del mar y un plazo estimado, si es posible establecerlo, para el control de la situación de emergencia en los reactores.

Tepco actualiza la información sobre la central y se desdice con tanta frecuencia -un paso para adelante y otro para atrás- que resulta complicado establecer un juicio claro sobre la situación de los reactores y su evolución. Estos días se confirmó la exposición de varios trabajadores a elevados niveles de radiactividad sin su conocimiento y mientras llevaban insuficiente protección. También se confirmaron las filtraciones al mar.

Las críticas a la gestión son ya habituales en la prensa extranjera y, de forma más o menos velada, en los representantes de organismos internacionales y en la prensa japonesa. Un artículo en ‘Le Monde‘ acusa al ‘lobby nuclear’ de silenciar al Gobierno japonés.

El horizonte: en este desconcierto, el anuncio de la reanudación del trayecto de Tohoku del tren bala para finales de abril es una buena noticia y un motivo de esperanza. Poco a poco, paso a paso, se están arreglando los daños registados en 1.200 puntos del trayecto. De momento se han resuelto alrededor del 45% de las incidencias.

El tren bala volverá en abril. Quizá la reanudación de las actividades del ‘Shinkansen’, dentro de un mes, sea el signo de que el caos de estos días está ya superado. Queda un largo mes todavía para ver si este horizonte es realista.

@cmdelaserna / Foto: Imagen del ‘shinkansen’, el tren bala. Wikipedia

“Pasan los días y cada vez es todo más aterrador. No paro de imaginarme cosas. Puede que la comida también esté contaminada. Ahora lo único que importa es protegernos del peligro.

Cada vez hay menos bienes. La gente se lleva más cosas de las que necesita y se hace difícil conseguir provisiones. Pero de momento estoy consiguiendo comida haciendo largas colas. Nada de caprichos, nada de lujos, asumiendo los cortes de luz. Confío en que esta situación no durará mucho tiempo.

La información es confusa y cambia constantemente. No me creo que estén diciendo la verdad. Los políticos no inspiran ninguna confianza.

A partir de mañana M. ya no irá a trabajar. Porque no hay suficiente gasolina, ni comida, ni luz, y porque además ya no es seguro para ella ir hasta allí. Continúan los terremotos. Pero lo prefiero así, porque estamos juntas.”

Correo recibido el 17 de marzo a las 10:46 (hora de Nueva York).

Foto: Estatua a la entrada del templo Myohonji, en Kamakura.
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