En estos días que se conmemoran los 66 años de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki está circulando una nueva y oportuna teoría académica sobre la rendición de Japón en 1945. Hasta ahora se daba prácticamente por sentado que la capitulación de Tokio había sido consecuencia directa de las bombas atómicas. Sin embargo, el historiador japonés Tsuyoshi Hasegawa, de la Universidad de California en Santa Barbara, ha concluido que lo que llevó a Japón a firmar la rendición fue, en realidad, la entrada en guerra de la Unión Soviética.

La nueva teoría resulta revolucionaria por las nuevas implicaciones que aporta a la interpretación de la Guerra del Pacífico y probablemente a futuras contiendas.

Según un interesante artículo publicado en el Boston Globe, éstos son los principales puntos en los que se basa la teoría del profesor Hasegawa:

- Pese al enorme desgaste humano y económico que supuso el conflicto, Japón no se resistió por fanatismo, en contra de lo que se ha creído, sino porque necesitaba encontrar la vía para asegurar la monarquía imperial después de la derrota y evitar los tribunales de guerra.

- En plena Guerra del Pacífico, mientras EEUU “liberaba” cada isla y cada atolón ocupado por los japoneses, Tokio pidió ayuda a la URSS, que hasta entonces se mantenía neutra. Sin embargo, apenas unos días después del lanzamiento de las bombas atómicas, la URSS atacó por sorpresa Manchuria, entonces territorio japonés.

- Ante la entrada en guerra del régimen de Stalin, Japón, ya muy debilitado, decidió rendirse ante EEUU puesto que rendirse ante Moscú habría supuesto convertir Japón en un país comunista en el que no tendría cabida el Emperador.

- La bomba atómica de Hiroshima causó unos 100.000 muertos. Pero ni la novedad del arma ni el elevado número de víctimas motivaron la rendición del general Hideki Tojo. Tokio acababa de sufrir un ataque igual de sangriento sin que por ello Japón se planteara la derrota. (El bombardeo sobre Tokio es uno de los episodios más impactantes de la Guerra del Pacífico. Los B-29 americanos lanzaron bombas incendiarias sobre casas de madera y papel en un día de fuerte viento. Cien mil personas murieron calcinadas. El periodista francés Robert Guillain dejó un magnífico testimonio sobre el que fue el bombardeo no nuclear más destructivo de la historia de la humanidad).

Tal vez lo más interesante de la teoría de Hasegawa son las conclusiones que se desprenden de ella. Hasta ahora, la idea de que las bombas atómicas habían llevado a Japón a rendirse había tenido dos implicaciones clave, al menos para EEUU:

- que lanzar las bombas fue necesario porque sólo de este modo se pudo poner fin a una guerra extraordinariamente sangrienta (el fin justificó los medios);

- que el armamento nuclear es disuasorio.

Con la nueva teoría, las bombas atómicas pierden todo su sentido: no sirvieron para lograr la rendición de Japón ni probablemente sirvan como futuras armas disuasorias. De nada sirve, pues, tenerlas. Ésta es la tesis pacifista del profesor Hasegawa, que de niño vio arder Tokio desde una azotea.

El autor del artículo del Boston Globe, Gareth Cook, concluye así:

“Hoy, [Hasegawa] ve los bombardeos de ciudades japonesas por parte de EEUU (incluidas  Hiroshima y Tokio) como crímenes de guerra. Pero, añade, son crímenes de los que EEUU no debería disculparse hasta que Japón resuelva sus propios crímenes [fundamentalmente cometidos en Corea y China].  Éstas son las visiones de un hombre que ha tenido el coraje de mirar hacia un periodo feo de la historia sin acobardarse; algo que la mayoría de la gente, tanto americanos como japoneses, se han visto incapaces de hacer.”

@tanaoshima Foto: El ministro de Asuntos Exteriores japonés firma la rendición de 1945 ante el general K. Sutherland, de EEUU. @Wikipedia.

Y ahora que nadie está ya pendiente (salvo los pobres afectados), ahora que hemos tenido una guerra en Libia, ahora que ha muerto oficialmente Bin Laden, que el director del FMI ha pasado su primera noche en la cárcel y todo el mundo ha disfrutado de los cerezos en flor, Japón ha considerado que era el momento oportuno para decirlo: hubo fusión nuclear en la planta de Fukushima.

Lo admite Tepco dos meses después, y de paso admite otras cosas, como, por ejemplo, que el sistema de refrigeración del reactor número 1 no funcionaba ya antes del terremoto. Además, la fusión se produjo, “probablemente”, en los tres reactores. El primer ministro ha dicho, por supuesto, que no sabía nada.

Es el procedimiento clásico del Gobierno japonés del que ya hablamos en otro texto. Decir la verdad cuando ya no tiene efecto, o cuando “el pueblo está psicológicamente preparado”.

Eso que, en medio de la confusión inicial, en los días siguientes al accidente, a Tepco se le escapó y habló de fusión. Los expertos japoneses hablaron de fusión. Pero enseguida retrocedieron o callaron y nunca más se supo nada.

Lo han conseguido. La noticia no ha suscitado grandes reacciones.

Oficialmente, la eléctrica japonesa tiene ahora, por fin, los datos suficientes para valorar que, en efecto, se inició el proceso de fusión nuclear en las horas inmediatamente posteriores al tsunami y terremoto del 11 de marzo.

¿Lo sabían los ingenieros y operarios que estuvieron allí trabajando a destajo?

@tanaoshima Imagen: ©www.tanukidrawings.com

El marido de mi amiga K. (al que llamaré H.) se encontró hace poco con la señora Rockefeller, aquí en Nueva York. Estaba muy preocupada por lo sucedido en Japón y le preguntó por su familia, por su ciudad, por su gente. H. le comunicó que todo estaba bien en su ciudad natal, ante lo cual la señora Rockefeller, muy ancianita ya, sonrió y asintió con la cabeza.

Poco después, la señora dejó escapar su pregunta:

- ¿Se han perdido obras de arte en el desastre?

En el momento, H. no supo bien qué contestar.

- Los museos están intactos, pero se calcula que se han perdido más de 400 monumentos históricos-, me comentó mi amiga K., que, como la señora Rockefeller, está vinculada al arte, aunque a otra escala.

La cifra es importante para un país que conserva poco patrimonio cultural, si se compara con Europa. Por descuido, por guerras, por creencias y por lo efímero de los materiales, los edificios históricos en Japón han durado muy poco.

La madera, sobre todo en un país húmedo y sometido a catástrofes naturales, se conserva bastante mal. Pero además ha sido tradición del sintoísmo, por ejemplo, destruir los templos cada cierto tiempo como ritual de renovación y purificación.

Algunos santuarios sintoístas datan del siglo VIII. Esto quiere decir, en realidad, que la primera piedra fundacional se remonta a esas fechas. El sintoísmo, antes de institucionalizarse, era un animismo menos complejo que basaba sus monumentos en pequeños monolitos verticales. A partir de esas rocas se construyeron más tarde los templos de madera, que se fueron renovando periódicamente.

Es relativamente difícil encontrar edificios antiguos, tan codiciados por los turistas. Aunque el budismo japonés guarda muchos monumentos y tesoros del pasado.

Sí hay mucho patrimonio intangible, a veces en forma de personas.

Son los llamados “Tesoros Nacionales Vivientes”, personas cuyos oficios y conocimientos se consideran de importantísimo valor para el país. Este título abarca las distintas artesanías y artes tradicionales y es concedido al final de cada carrera.

Algunos de estos Tesoros Vivientes aparecen retratados en el último número de Monocle. Son artesanos de la forja, el lacado y el bordado; actores de Kabuki y Noh e intérpretes de instrumentos antiguos japoneses.

Sumitayu Takemoto es la séptima generación de músicos de Bunraku, el teatro de títeres japonés. Con 93 años ha sido hoy el encargado de donar, en nombre de la Asociación Nacional de Bunraku, algo más de un millón de yenes a la Cruz Roja japonesa. Una cantidad pequeña pero simbólica.

Los 1,3 millones de yenes fueron recaudados durante los espectáculos del último mes en el Teatro Nacional de Bunraku, en Osaka. “He actuado muchas veces en Tohoku. Es poca cantidad, pero espero de corazón que pueda ayudar en algo”, dijo, según recogió la agencia Kyodo.

@tanaoshima Foto: Músicos de Bunraku. ©Wikipedia.


El pinar

15 abril, 2011

La ciudad de Rikuzentakata, en la provincia de Iwate, era conocida por su pinar. Unos 70.000 pinos bordeaban la playa en una barrera natural contra el viento. Era el orgullo de la ciudad, el lugar de recreo, de relajo y de inspiración. Prácticamente todos los habitantes de Rikuzentakata tienen algún recuerdo del bosque.

El pino, en Japón, simboliza la longevidad. El tsunami se tragó el pinar y arrancó los árboles uno por uno. Los dejó desgajados, desenraizados, tumbados en el suelo como parte de los escombros.

Sólo uno sobrevivió. En medio de la catástrofe, el único pino que se mantiene en pie se ha convertido en símbolo de la supervivencia y reconstrucción de la ciudad. Sin embargo, su vida también corre peligro. El exceso de salinidad en el agua que lo nutre lo está ahogando poco a poco.

El profesor Suzuki, como se le conoce, siempre organizaba acampadas con sus alumnos en el pinar. Ahora es él quien ha dado la voz de alarma y está reuniendo fondos para savar el pino.

Los supervivientes del tsunami se dirigen al devastado pinar desde sus refugios para tomar fotografías del último ejemplar. Le piden fuerza y ánimo. La imagen del pino erguido les hace olvidar el cementerio de escombros que tienen que pasar para acceder a él.

Foto: El pinar de Rikuzentakata (arriba). Una montaña de escombros dejados por el tsunami (abajo). ©Wikipedia

Profesores en acción

14 abril, 2011

Ha pasado más de un mes y la zona devastada sigue siendo una montaña de escombros. Los voluntarios trabajan ayudando a restaurar las pocas casas que se han mantenido en pie tras el tsunami. Las limpian por dentro, las arreglan, hacen trabajos de carpintería y fontanería. El objetivo es volver a dejarlas habitables. Ya no se aconseja vivir ahí, pero las personas mayores que siguen en los refugios sólo piensan en volver a su casa.

Un grupo de profesores de inglés afincados en Miyagi ha decidido ayudar a recuperar las clases en las zonas afectadas. De ahí nació Teachers for Japan. En su página web se pueden ver vídeos sobre cómo trabajan los voluntarios, o simplemente apreciar el nivel de destrozo de municipios como Nobiru, en Higashi Matsushima.

El 11 de marzo, la ciudad de Higashi Matsushima quedó completamente devastada por el tsunami. Según cuenta la televisión japonesa, allí nació, se crió y trabajó Doi Tadashi, de 33 años, un superviviente del desastre. Como muchos de sus paisanos, se quedó sin casa y desde entonces vive en un refugio improvisado en una escuela primaria.

Doi era cartero  y llevaba 16 años trabajando en la oficina de Correos de Nobiru. Todo desapareció con el terremoto y el posterior tsunami, pero 12 días después (el 23 del mes pasado) decidió retomar su oficio; esta vez, como voluntario.

Empezó a deambular con una bicicleta, haciendo siempre el mismo recorrido, visitando los distintos refugios y saludando a sus vecinos. Y es lo que sigue haciendo a diario. Les pregunta por su familia, les trae noticias de otros refugios, reparte cartas de familiares.

“Las cartas siempre traen recuerdos de gente que sigue ahí, conectada con nosotros”, dice Doi. El trabajo de cartero, dice, no sólo consiste en repartir cartas, sino también sonrisas, recuerdos, pertenencias, esperanzas,  amistades que sigue uniendo a las personas.

Las entregas de Doi contienen también comida, en estos momentos de precariedad. Café, latas de conserva que se llevan de un refugio a otro, de un barrio a otro.

Las cartas unen el pasado con el presente, los muertos con los vivos, los desaparecidos con los que intentan sobrevivir. Las cartas acompañan y resucitan a los desaparecidos. Así lo explica Doi. Y de paso ayuda a reconstruir el censo de los municipios arrasados, de los fallecidos y de los desaparecidos.

Foto: Carta oficial del siglo XVI. ©Wikipedia.

Hay en Aizu (Fukushima) un onsen-ryokan (hotel tradicional con aguas termales) llamado Mukaitaki. Está situado en la montaña, rodeado de árboles frondosos, y no ha sido dañado por el tsunami. Es una casa de madera del siglo XIX y ofrece alguno de los mejores baños termales de la zona.

En su día fue lugar de reunión de los samuráis del feudo. Se bañaban y se relajaban en las aguas ardientes, desnudos, con sus súbditos. Allí se bañó también mi tatarabuelo, y más tarde mi bisabuelo, mi abuelo y mi padre. Cada generación llevó a la siguiente a conocer el ryokan. Mi hermana, mis primos y yo teníamos esa visita pendiente con mi abuelo, pero una enfermedad repentina lo mató a los 97 años.

Muchos refugiados del tsunami han sido trasladados a Aizu. Sus hospitales han estado atendiendo a heridos y embarazadas de los pueblos de Fukushima tras el desastre.

Me pregunto cómo habría reaccionado la sociedad del siglo XIX ante una catástrofe así. (De hecho, hubo un tsunami en la misma región hace 150 años). ¿Habrían ayudado los samuráis en las labores de rescate, como haría hoy cualquier ejército?

Como comenté en otro texto, parte de mi familia paterna viene de Aizu, de la actual provincia de Fukushima. La otra parte viene de la otra punta de Japón: Kyushu, la isla exuberante y próspera. El abuelo de mi abuela paterna -mi otro tatarabuelo- era director de un instituto de enseñanza secundaria en Kumamoto y luchó por el derecho de las mujeres a estudiar carreras universitarias.

Su hijo, mi bisabuelo, fue un polémico emprendedor que saltó de Tokio a San Francisco y de ahí a Singapur, Shanghai, Rangún y Calcuta con un negocio de caucho y té que le fue bastante bien. Con la guerra perdió todos sus dominios pero mantuvo la suficiente fortuna como para casarse por segunda vez. Tercera, si contamos un efímero matrimonio en Calcuta con una señora inglesa cuyas cartas nos encontramos un día mi hermana y yo en el trastero de mis abuelos mientras buscábamos algo interesante que guardar, por ejemplo la correspondencia con Tagore, que -obviamente- nunca encontré. (La relación de mi bisabuelo con Tagore y Gandhi da para otro capítulo, pero quizás no en este blog).

A su tercera mujer, artista del shamisen, al igual que la primera, le montó una casa de geishas que luego se convirtió en un ryotei (literalmente, palacio culinario). Se llama Shinkiraku y ahí sigue, en frente del mercado de Tsukiji, en Tokio.

Nunca he ido como cliente; nunca podría ni querría pagar un menú de casi mil dólares (incuye espectáculo de música y danza de geishas, además de su compañía). De todos modos hace falta una invitación. Pero sí he “entrado por la cocina”. De pequeña iba con toda la familia, nos juntábamos en Año Nuevo unas 30 personas en una sala de tatami gigantesca y nos servían un menú interminable, aunque no especialmente elaborado. Debían ser platos de batalla para el familión.

Se rumorea que fue en una de esas salas donde Hideki Tojo, borracho, decidió atacar Pearl Harbour. Pero mi familia lo ha negado; me dicen que mi bisabuelo no tenía buena relación con Tojo, y que el abyecto ex primer ministro japonés y posterior criminal de guerra nunca pisó el ryotei.

Sí lo hicieron, mucho más tarde, Nixon, Chirac y no sé qué otros políticos. Pero la visita más memorable para quien regenta ahora el Shinkiraku, la hija de la tercera mujer de mi bisabuelo, fue la de Alain Delon. Me lo contó con un destello en los ojos. “Me pregunté cómo podía haber un hombre tan bello”…

¡Qué realidad tan distinta a la de Tohoku, entonces y ahora!

@tanaoshima Foto: Hotel tradicional Mukaitaki. ©www.mukaitaki.jp

Carta desde Nagasaki

4 abril, 2011

Creo que la radiactividad procedente de Fukushima va a elevar el riesgo de cáncer. Pero creo sobre todo que es el estrés generado por toda esta situación lo que puede causar el cáncer.

Yo nací 28 años después de la bomba atómica y todavía había elementos radiactivos [en Nagasaki]. Probablemente sigue habiéndolos. Una vez me dijo un conocido ruso que cuando fue a Nagasaki se empezó a encontrar mal.

¿Tú crees que ahora la radiación está llegando nuevamente a Nagasaki? Yo creo que no hay en Nagasaki nadie que piense que sí, pero nunca se sabe. Intento por si acaso no comprar verduras sospechosas.

Ahora la mayoría de los japoneses tiene miedo a la energía nuclear, así que supongo que las centrales se reducirán. Aumentarán los paneles solares. Hace tiempo, vi en la tele que los molinos [eólicos] japoneses no estaban funcionando como debían.

Dicen que mi hijo nacerá el 10 de abril.

Correo recibido de Nagasaki el 3 de abril a las 8.36 am (hora de Nueva York). Foto: Vista de la ciudad de Nagasaki. ©Wikipedia.

El impacto del tsunami en la economía japonesa. Colaboración de Tanuki Drawings con el suplemento de economía del diario El Mundo.

@tanuki_drawings

Mientras los principales medios de comunicación se centran en difundir las voces oficiales respecto a la catástrofe tanto natural como nuclear, las teorías extraoficiales circulan por internet. Destacamos algunas a continuación:

La turbia relación entre París y Tokio. Algunos blogs de información en japonés afirman que Francia evacuó muy pronto a sus ciudadanos de Japón porque el presidente de Tepco había informado confidencialmente a los expertos nucleares franceses sobre la “situación real” de Fukushima. El Gobierno francés habría dado preferencia a sus ciudadanos antes que guardar la confidencialidad de las revelaciones de Tepco y por lo tanto habría elevado al máximo la alerta, respondiendo a la “situación real” de la central nuclear de Fukushima.

El origen del desastre. El periodista y escritor de larga trayectoria antinuclear, Takashi Hirose, en su artículo “La verdad sobre el accidente nuclear de Fukushima“, denuncia la manipulación del Gobierno japonés de todo el desastre. Para empezar, la manipulación de la magnitud del seísmo que, según él, elevaron de 8,4 a 8,8 y por último a 9,0 para justificar el accidente nuclear; la misma estrategia, dice el periodista, que la empleada por el Gobierno chino con el terremoto de Sichuan.

El periodista alega que tal magnitud es falsa ya que el seísmo que azotó en 2008 la misma costa de Iwate fue mucho más intenso (registró una aceleración de 3.866 Gal, frente a los 2.933 Gal del último terremoto), pero sólo le fue atribuida una magnitud de 7,2 (frente a 9,0 del último seísmo).

Hirose arremete contra la ligereza de los medios de comunicación japoneses, quienes se han referido al tamaño del tsunami como algo “histórico”, “inimaginable” y “fuera de toda sospecha”, cuando en 1896  la costa de Iwate fue destruida por una ola de casi 40 metros.

Etcétera.

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