Profesores en acción

14 abril, 2011

Ha pasado más de un mes y la zona devastada sigue siendo una montaña de escombros. Los voluntarios trabajan ayudando a restaurar las pocas casas que se han mantenido en pie tras el tsunami. Las limpian por dentro, las arreglan, hacen trabajos de carpintería y fontanería. El objetivo es volver a dejarlas habitables. Ya no se aconseja vivir ahí, pero las personas mayores que siguen en los refugios sólo piensan en volver a su casa.

Un grupo de profesores de inglés afincados en Miyagi ha decidido ayudar a recuperar las clases en las zonas afectadas. De ahí nació Teachers for Japan. En su página web se pueden ver vídeos sobre cómo trabajan los voluntarios, o simplemente apreciar el nivel de destrozo de municipios como Nobiru, en Higashi Matsushima.

Ideas para Japón

13 abril, 2011

Desde hace unas semanas, en el colegio de nuestro hijo estamos recaudando fondos para enviar a Japón. Es algo que se está haciendo en otros colegios e instituciones; en la calle y en las tiendas de EEUU y de muchos otros países. Pero también a nivel particular.

Algunas iniciativas son originales y creativas. Ya destacamos dos de ellas en un texto anterior. Hoy hablaremos de tres proyectos cuyos ingresos van enteramente destinados a la reconstrucción de Tohoku.

- Quakebook: La idea -surgida en Twitter- fue recoger cualquier documento (testimonios, fotografías, ilustraciones, cartas) sobre el terremoto de Japón y publicarlos en forma de libro en un tiempo récord para enviar los fondos ingresados a la Cruz Roja Japonesa. El libro, en formato electrónico, estuvo listo en una semana. Ya está a la venta en Amazon y contiene principalmente testimonios de japoneses que han sufrido la catástrofe, pero también de periodistas y extranjeros relacionados con Japón. Tienen, de colaboradora estrella, a Yoko Ono. El proyecto sigue vivo a través de Twitter, Facebook y Flickr.

- Paper cranes for Japan: Se trata de recaudar dos dólares por cada grulla de papel elaborada por estudiantes de EEUU. Una vez conseguidas 100.000 donaciones, se reúnen todas las figuras de papiroflexia y se exponen a modo de instalación. El día 11 de abril se lograron los 200.000 dólares, que irán a la ONG Architecture for Humanity.

- The City Reporter: El ilustrador español Luis Mendo está donando el dinero recaudado con la venta de sus pósters a la Cruz Roja Japonesa.

Japón, nivel 7

12 abril, 2011

Cuando Richard A. Muller, en una entrevista publicada hace unos días en El Mundo, ponía la central de Fukushima como ejemplo para explicar por qué la energía nuclear es segura, supongo que no contaba con las últimas noticias del Gobierno japonés. Muller decía que la central lo había aguantado todo.

Todavía no había llegado el 12 de abril. La mañana del martes, un mes después del terremoto de Tohoku y Kanto, se incrementó el nivel de severidad de la crisis nuclear de Fukushima de 5 a 7, el mismo que Chernóbil. También se confirmó, aunque no estuviera previsto hacerlo, que las noticias en Japón suceden en cámara lenta.

Me pregunto qué está pasando realmente, si conocemos realmente la profundidad de la crisis. Y si pensará de la misma forma el físico Muller.

Recibimos mensajes familiares de celebración de la floracion del cerezo, el ‘hanami’. Con la primavera ha comenzado la temporada de béisbol. Igual que ocurrió hace unos días con un futbolista brasileño afincado en Japón, uno de los jugadores extranjeros del equipo de Sendai ha renunciado a su puesto en el equipo por el temor a la radiación. Ha vuelto a su país.

También nos llegan los temores a que las noticias, que al final siempre se conocen, desvelen que la situación es más peligrosa de lo que se creía. Ha habido tantos escándalos que siguieron el mismo patrón en Japón que en este caso, donde la tragedia es mayor que nunca, tampoco sorprendería que volviera a ocurrir lo mismo.

A lo largo del martes, de nuevo el 12 de abril, el Gobierno y los directivos de Tepco se han enredado en un confuso discurso para explicar lo que difícilmente se puede llegar a entender: por qué se ha tardado un mes en confirmar que las filtraciones de radiación son mucho mayores que las que se estaban comunicando desde hacía semanas. Por paternalismo, para evitar el pánico de la población, por cualquier razón menos la de cumplir con las obligaciones esenciales hacia los ciudadanos.

Un artículo publicado en ‘Nature’ aporta, entre tanta confusión, un poco de claridad: “De por qué Fukushima es y no es Chernóbil”, reza el título. La aparente confusión del titular no es tal sino el reflejo de la situación.

La información de la NHK, la cadena pública, cita a la International Atomic Energy Agency para ratificar el análisis realizado por el Gobierno japonés, que coloca el accidente de Fukushima en una escala menor al de 1986 de Chernóbil. “Gambaro nippon”, reza un rótulo de la torre de Tokio. “Ánimo, Japón”.

Un mes después del terremoto y el tsunami, se celebra el ‘hanami’. Como ha pedido una vez más el primer ministro Naoto Kan,  la población hace lo posible por recuperar la normalidad y no mirar el dorso de las etiquetas de los alimentos. Pero cada vez es más difícil. Me pregunto si el físico Muller ha cambiado de opinión.

@cmdelaserna / Foto: ‘Hanami’ en el río Kamo, wikipedia

Hay una vieja estrategia que utiliza el Gobierno japonés a la hora de anunciar los problemas, y es la del globo sonda.

Con el terremoto, y sobre todo el accidente nuclear que le ha seguido, el Gobierno japonés ha ido lanzando las “malas noticias” con cuentagotas. Así es como se va “habituando” el ánimo de la gente. Es una forma de evitar que cunda el pánico, una forma de minimizar el impacto.

Japón es un país extraordinariamente proteccionista y paternalista. Protege a sus ciudadanos hasta arroparlos como si estuvieran en el vientre materno. (Como consecuencia, a los japoneses les cuesta salir de su país. Les roban, les engañan, se sienten agredidos e intimidados siempre que están en el extranjero, fuera de un medio perfectamente hecho para ellos). Pero el Estado no los protege en tanto que individuos. Lo que hace es protegerlos en la medida en que eso ayuda a mantener intacta la sociedad-útero.

Un mes después del accidente el nivel de alerta nuclear de Fukushima ha sido elevado al 7, igual que Chernóbil. Probablemente un mes sea un tiempo razonable para poder dar la noticia a la sociedad japonesa. Así se ha evitado el trauma a los ciudadanos, el golpe frontal que, desde el punto de vista de los líderes, no beneficia a nadie, menos aun a una sociedad que ya ha sufrido un trauma nuclear.

Se les ha ido informando poco a poco, suavemente, para que la rueda pueda continuar girando. Si la rueda se detiene, todo el país se desmorona. En su mentalidad, permitir que la rueda siga girando es una forma de salvar a la gente, aun sacrificando a una parte de ellos, si hiciera falta.

Es díficil, a día de hoy, sacar conclusiones sobre la realidad de los hechos. Pero esta forma de actuar es casi protocolaria en Japón, y para ello controlan al máximo la información. No sólo en momentos de crisis, sino siempre, por si acaso. El Gobierno decide cómo y cuánto tiene que saber la gente. Y se cuida mucho de no dejar escapar información delicada al extranjero (algo cada vez más inevitable en el mundo actual).

Los que hemos trabajado como periodistas en Japón sabemos que el Gobierno japonés ha aplicado esta misma estrategia en muchas ocasiones (aunque nunca de esta gravedad). También sabemos cómo es el acceso a las fuentes allí. Las ruedas de prensa oficiales tienen un cupo muy limitado para los medios extranjeros. A veces, los corresponsales foráneos están directamente vetados. Para eso existe el Foreign Correspondents’ Club of Japan, en Tokio, donde los periodistas de medios extranjeros están invitados a contentarse con una versión edulcorada, ofrecida en inglés sólo para ellos.

Aunque algún que otro periódico japonés progresista ha denunciado estos procedimientos (la Unión Europea lo ha denunciado varias veces), por lo general la prensa japonesa los apoya. Hay siempre un asombroso acuerdo tácito para no poner en peligro el sistema que los arropa.

Pero la sociedad de hoy no es la de hace 50 años. Muy probablemente no habrá grandes revoluciones ni protestas, pero los individuos expresan su descontento. Las redes sociales muestran a los japoneses indignados, incluso iracundos, ante las últimas noticias relativas al accidente nuclear, al tiempo que protestan por una ley que acaba de limitar la libertad de expresión en internet.

Tal vez habría que empezar diciendo que Japón no es, en realidad, una democracia. Tal vez la democracia sea -de momento- un concepto exclusivo de Occidente.

@tanaoshima Foto: Un globo sonda. ©Wikipedia

Carta desde Sendai

11 abril, 2011

Un amigo nos pone en contacto con Waka, una japonesa que vive y trabaja en Sendai. A través de sus cuentas de Twitter, Twitpic y Flickr nos hace llegar mensajes (en inglés) e imágenes sobre su vida en la desastrada provincia de Miyagi. Nos habla de las fuertes réplicas (sísmicas) que sacuden la ciudad y de la pena que le da ver cómo su pueblo natal, Ishinomaki, es ahora un montón de escombros. La casa de sus abuelos, dice, desapareció bajo el tsunami.

Éstas son algunas de sus palabras:

Como todos vosotros sabéis un gran terremoto sacudió la zona en la que vivo, Miyagi, el 11 de marzo. Mi pueblo natal, Ishinomaki, fue barrido por el tsunami, como muchos otros lugares de Tohoku. Nunca pensé que Ishinomaki quedaría así.

Es tan triste ver cómo todos esos lugares familiares han desaparecido.

Mi ciudad, Sendai, también quedó dañada por el terremoto pero la vida va mejorando día a día. Sólo tenemos problemas para conseguir petróleo, gas (para agua caliente y cocina) y transporte. Pero fuera de Sendai la situación sigue siendo difícil y seria. Especialmente en la costa, donde necesitan más ayuda y suministros. Agradecemos todo el apoyo que nos puedan dar [a través de donaciones].

¡Gracias!

Foto: El municipio de Ishinomaki después del tsunami. ©Waka

Destruir es reconstruir

11 abril, 2011

©Tanuki Drawings.

Una amiga nos ha descubierto este blog. Su autor es un artista japonés, Yoshikazu Suzuki, que lleva un taller de pintura para niños en Fukushima, muy cerca de la central nuclear accidentada. Suzuki estuvo afincado en Cataluña durante los años 80 y 90. Ahora, casi un mes después del terremoto, el taller ha vuelto a abrir sus puertas. Los niños vuelven poco a poco a la normalidad, pero las fuertes réplicas sísmicas y la lluvia ligeramente radiactiva recuerdan día a día la magnitud del desastre que el dibujo les ayuda a superar.

Traducimos aquí su post más reciente (del 9 de abril).

Es un sábado lluvioso.
Una lluvia fina cae sin parar, sin cortarse. (…)

¿Qué es lo que dicen que tiene la lluvia?

Los niños llegan bajo el paraguas. Se bajan del coche y los pocos pasos que tienen que dar y los tres escalones que tienen que subir lo hacen bajo el paraguas.

Cuando era pequeño
en los días de lluvia me subía a la bici
y me encantaba correr empapado en la lluvia.

Ahora también me gusta mojarme en la lluvia.

Pero ahora (¿a partir de ahora?) es mejor no hacerlo.

¿Volverá el día en que pueda uno volver a mojarse placenteramente en la lluvia?

Le pido a esta lluvia que no para de caer que llegue pronto el día
en que podamos mirar al cielo
y dejar que la lluvia limpie nuestros sentimientos.

Por la tarde pude ver a [mis alumnas] Kasumi y a Sumire.
Kasumi llegó muy seria y me dio un pálpito, pero utilizó para su dibujo unos colores muy suaves y blandos que me tranquilizaron un poco.

Sumire ha tenido hoy su último día de clase.

Espero volver a verla pronto.

La próxima vez que la vea seguro que tendrá ya cara de niña mayor.

“¡Hasta pronto!”.
“No para de llover, ¿verdad?”
“Es una lluvia que hace presagiar que va a seguir cayendo sin parar, ¿verdad?”

Y en sus ciudades, ¿también llueve sin parar?

Las ciudades mojadas por la lluvia tienen algo que nos vuelve expectantes.
Como una pequeña visita de la primavera.

En cualquier momento, por pequeña que sea,
a mí me parece maravillosa.

Como una primavera
pequeña
pequeña
que cae del cielo.

Foto: Niños pintando en el taller de Yoshikazu Suzuki. ©http://suzuky.exblog.jp

Un mes después del terremoto, éstos son los principales titulares que recogen los periódicos japoneses (en la edición online del domingo 10 a las 10.20 de la mañana, hora japonesa):

- Asahi Shinbun: Los ’50 de Fukushima’ continúan una lucha dura e insegura. Los técnicos que trabajan en la central nuclear Nº1 de Fukushima para intentar contener los escapes radiactivos (los “50 de Fukushima”, como han sido bautizados por los medios extranjeros), siguen en una situación penosa, trabajando en un entorno muy inseguro desde el amanecer hasta altas horas de la noche y sin apenas tiempo para hablar con sus familias, dice el principal diario japonés.

- Yomiuri Shinbun: El accidente nuclear [de Fukushima] podría superar al de Three Mile [Island]. Según el segundo periódico de Japón, el comité de la Escala Internacional de Acontecimientos Nucleares (INES) está estudiando elevar el nivel de peligro a 6, por encima de Three Mile Island y sólo superado por Chernóbil.

- Mainichi Shinbun: Tokyo Disneyland reabrirá sus puertas el día 15 [de abril]. El popular parque temático situado a las afueras de la capital japonesa cerró a raíz de los apagones programados por Tepco, cuenta el rotativo.

- Tokyo Shinbun: Fallece Sidney Lumet, director de ‘Doce hombres en pugna’. El diario se hace eco de la muete del cineasta estadounidense.

Foto: Tokyo Disneyland. ©Wikipedia.

El 11 de marzo, la ciudad de Higashi Matsushima quedó completamente devastada por el tsunami. Según cuenta la televisión japonesa, allí nació, se crió y trabajó Doi Tadashi, de 33 años, un superviviente del desastre. Como muchos de sus paisanos, se quedó sin casa y desde entonces vive en un refugio improvisado en una escuela primaria.

Doi era cartero  y llevaba 16 años trabajando en la oficina de Correos de Nobiru. Todo desapareció con el terremoto y el posterior tsunami, pero 12 días después (el 23 del mes pasado) decidió retomar su oficio; esta vez, como voluntario.

Empezó a deambular con una bicicleta, haciendo siempre el mismo recorrido, visitando los distintos refugios y saludando a sus vecinos. Y es lo que sigue haciendo a diario. Les pregunta por su familia, les trae noticias de otros refugios, reparte cartas de familiares.

“Las cartas siempre traen recuerdos de gente que sigue ahí, conectada con nosotros”, dice Doi. El trabajo de cartero, dice, no sólo consiste en repartir cartas, sino también sonrisas, recuerdos, pertenencias, esperanzas,  amistades que sigue uniendo a las personas.

Las entregas de Doi contienen también comida, en estos momentos de precariedad. Café, latas de conserva que se llevan de un refugio a otro, de un barrio a otro.

Las cartas unen el pasado con el presente, los muertos con los vivos, los desaparecidos con los que intentan sobrevivir. Las cartas acompañan y resucitan a los desaparecidos. Así lo explica Doi. Y de paso ayuda a reconstruir el censo de los municipios arrasados, de los fallecidos y de los desaparecidos.

Foto: Carta oficial del siglo XVI. ©Wikipedia.

Hay en Aizu (Fukushima) un onsen-ryokan (hotel tradicional con aguas termales) llamado Mukaitaki. Está situado en la montaña, rodeado de árboles frondosos, y no ha sido dañado por el tsunami. Es una casa de madera del siglo XIX y ofrece alguno de los mejores baños termales de la zona.

En su día fue lugar de reunión de los samuráis del feudo. Se bañaban y se relajaban en las aguas ardientes, desnudos, con sus súbditos. Allí se bañó también mi tatarabuelo, y más tarde mi bisabuelo, mi abuelo y mi padre. Cada generación llevó a la siguiente a conocer el ryokan. Mi hermana, mis primos y yo teníamos esa visita pendiente con mi abuelo, pero una enfermedad repentina lo mató a los 97 años.

Muchos refugiados del tsunami han sido trasladados a Aizu. Sus hospitales han estado atendiendo a heridos y embarazadas de los pueblos de Fukushima tras el desastre.

Me pregunto cómo habría reaccionado la sociedad del siglo XIX ante una catástrofe así. (De hecho, hubo un tsunami en la misma región hace 150 años). ¿Habrían ayudado los samuráis en las labores de rescate, como haría hoy cualquier ejército?

Como comenté en otro texto, parte de mi familia paterna viene de Aizu, de la actual provincia de Fukushima. La otra parte viene de la otra punta de Japón: Kyushu, la isla exuberante y próspera. El abuelo de mi abuela paterna -mi otro tatarabuelo- era director de un instituto de enseñanza secundaria en Kumamoto y luchó por el derecho de las mujeres a estudiar carreras universitarias.

Su hijo, mi bisabuelo, fue un polémico emprendedor que saltó de Tokio a San Francisco y de ahí a Singapur, Shanghai, Rangún y Calcuta con un negocio de caucho y té que le fue bastante bien. Con la guerra perdió todos sus dominios pero mantuvo la suficiente fortuna como para casarse por segunda vez. Tercera, si contamos un efímero matrimonio en Calcuta con una señora inglesa cuyas cartas nos encontramos un día mi hermana y yo en el trastero de mis abuelos mientras buscábamos algo interesante que guardar, por ejemplo la correspondencia con Tagore, que -obviamente- nunca encontré. (La relación de mi bisabuelo con Tagore y Gandhi da para otro capítulo, pero quizás no en este blog).

A su tercera mujer, artista del shamisen, al igual que la primera, le montó una casa de geishas que luego se convirtió en un ryotei (literalmente, palacio culinario). Se llama Shinkiraku y ahí sigue, en frente del mercado de Tsukiji, en Tokio.

Nunca he ido como cliente; nunca podría ni querría pagar un menú de casi mil dólares (incuye espectáculo de música y danza de geishas, además de su compañía). De todos modos hace falta una invitación. Pero sí he “entrado por la cocina”. De pequeña iba con toda la familia, nos juntábamos en Año Nuevo unas 30 personas en una sala de tatami gigantesca y nos servían un menú interminable, aunque no especialmente elaborado. Debían ser platos de batalla para el familión.

Se rumorea que fue en una de esas salas donde Hideki Tojo, borracho, decidió atacar Pearl Harbour. Pero mi familia lo ha negado; me dicen que mi bisabuelo no tenía buena relación con Tojo, y que el abyecto ex primer ministro japonés y posterior criminal de guerra nunca pisó el ryotei.

Sí lo hicieron, mucho más tarde, Nixon, Chirac y no sé qué otros políticos. Pero la visita más memorable para quien regenta ahora el Shinkiraku, la hija de la tercera mujer de mi bisabuelo, fue la de Alain Delon. Me lo contó con un destello en los ojos. “Me pregunté cómo podía haber un hombre tan bello”…

¡Qué realidad tan distinta a la de Tohoku, entonces y ahora!

@tanaoshima Foto: Hotel tradicional Mukaitaki. ©www.mukaitaki.jp
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